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También conocido como "El último disparo", este título es una muestra de cine negro menor pero nada desdeñable, narrado con un excelente sentido del vigor fílmico por un Anthony Mann en sus comienzos en tareas direccionales (anteriormente había sido asistente de gente como Preston Sturges). Filmado con bajo presupuesto, el film es un oscuro título de gran intensidad y violencia, interpretado con la habitual enérgica capacidad interpretativa de John Ireland ("Pasión de los fuertes"). El trabajo de atmósfera resulta muy loable pero al guión le falta corpulencia y agudeza.
Si destacable es la actuación de Ireland, las dos protagonistas femeninas ofrecen asimismo un trabajo muy destacable. Sheila Ryan, una belleza morena que había participado junto a Stan Laurel y Oliver Hardy en "Qué par de locos" y que se retiraría del cine a finales de los años 50 y la rubia Jane Randolph, aquí en una notable interpretación, alejada totalmente de su papel en "La mujer pantera" de Jacques Tourneur. Un año después de la finalización de "Trampa para un inocente", Jane también dejaría la gran pantalla.
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