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El Ultimo (1924) de F. W. Murnau
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EL ULTIMO (1924)

Director: F. W. Murnau
Intérpretes: Emil Jannings, Kurt Hiller, Emelie Kurtz, Hans Unterkirchen.

Un portero (Emil Jannings) de un prestigioso hotel de la ciudad de Berlín, orgulloso de su labor y su uniforme, es respetado y considerado por sus vecinos y amigos, a quien saludan incluso con gesto militar.
Un buen día, el portero descubre que ha sido sustituido en su puesto por otro empleado más joven, siendo destinado como encargado de los lavabos.
Desesperado en su nueva situación, intenta ocultar el hecho a su familia y amistades, robando el uniforme para asistir con él a la boda de su hija.

Obra maestra rotunda de F. W. Murnau y una de las mejores películas de la historia del cine, dotada de un irresistible lirismo y exaltada en su emotivo retrato del personaje central, desarrolla con delicadeza y mimo en una perspectiva que mixtura naturalismo y expresionismo, la descripción de un añoso hombre, vejado en su trabajo y humillado en su dignidad como ser humano por una sociedad implacable e impía, que no respeta el valor de la experiencia y la dedicación y sí la explotación en base al beneficio monetario.

Este drama psicológico, escrito por Carl Mayer, carece totalmente de rótulos, recayendo la narración en el magistral trabajo de cámara de Murnau y Karl Freund, con una impresionante puesta en escena y unos innovadores movimientos de "cámara desencadenada", destacando las distorsiones ópticas y el pasaje onírico/embriagador en el cual Emil Jannings se tambalea borracho, acentuando de manera absorbente y realista las emociones de su personaje, colocando Freund la cámara en su pecho mediante un arnés, mientras mimetizaba el proceso interno del caracter observado.

Estos movimientos no son fatuos artificios ni complacencias efectistas, sino que se establecen en pos de su función narrativa, hecho muy diferente a las (generalmente) petulantes boberías derivadas de universos al margen del verdadero lenguaje cinematográfico.

Destacan también el simbolismo y las metáforas empleadas con el uniforme, que presenta diáfanas vinculaciones históricas con la derrota germana de la Primera Guerra Mundial y la enorme actuación del genial Emil Jannings, uno de los grandes intérpretes que ha conocido el séptimo arte.

Murnau quería que "El último" culminará de manera trágica, pero la UFA le sugirió que el final fuese menos crudo que la última y sensacional escena del film, de un sufrimiento en su decadencia personal y aislamiento social sobrecogedor.
Para ello tuvo que añadir un epílogo final, mostrando una situación bastante exagerada que tanto parodiaba los "happy end" tradicionales como ironizaba sobre el valor prioritario en esta sociedad capitalista: el mero pecunio.

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F. W. Murnau


"El último" de Murnau, 1924. Lo que más llama la atención del filme es la excelente actuación del actor alemán Emil Jannings. Algunos dicen que era un dictador y que quería imponer su criterio por encima del de los otros y hasta del propio director. No es así en esta película puesto que Murnau adoraba a Jannings lo cual favorecía el trabajo, de hecho fue al actor alemán al que se le ocurrió ese magnífico final, claro está que sin la dirección de Murnau podría haber sido pésimo.

El final no podría haber sido mejor porque la película es del todo dramática, un final del mismo estilo produciría en el espectador una sensación de tristeza y de compasión hacia el portero, llevaría a salir de las salas del cine con una impresión general perturbada. Si bien es cierto que un final dramático podría seguir la línea de la película realista, de los problemas sociales o íntimos de una familia de clase media-baja, de la descarnada sociedad que obliga a las personas a aparentar para poder pertenecer a ella.

Este aspecto de película intimista o social está reflejado de forma magistral por el director alemán. Las exigencias del entorno que rodea al portero, la necesidad de su familia y de su barrio de sentirse importantes, poderosos o dignos, de sentirse alguien en el conjunto de la sociedad. En ese sentido me parece genial la psicología del personaje del portero. No aparenta solo por él y su orgullo sino que lo hace por su familia y por su entorno, la satisfacción con que su ama de llaves le prepara el traje, la satisfacción de sus sobrina y hasta de la gente de las calles que le miran al pasar enternece al portero de tal forma que, cuando se da cuenta de que todo eso va a acabar se niega a aceptarlo.
Más allá que su propio orgullo personal y la vergüenza que conlleva el perder su puesto de portero en el gran hotel es la supervivencia de una clase, su dignidad y su orgullo lo que hace que el filme resulte del todo conmovedor.

El elemento material que más llama la atención de toda la película es la puerta giratoria del hotel, al principio ya aparece resaltada por la cámara como otro elemento que conforma la acción, como si quisiera reflejar el estrés del portero al ir y venir con las maletas de los ricos ostentosos que residen en el edificio. Sin embargo, ese estrés que, sin duda, experimenta el protagonista se contradice con la aparente tranquilidad del resto de los trabajadores.
Ese exageración desmesurada de inutilidad que Murnau intentó reflejar en el portero aparece reflejada en su andar lento y pesado, en su dificultad para, moverse, en que desfallece cada poco tiempo...
Así el director nos hace ver también la otra cara, es decir, por muy bien que nos caiga el portero o por mucho que lo compadezcamos, es un inútil o más bien, no está capacitado para desenvolver su trabajo.
Es un drama irremediable, llega cierta edad en la que un hombre no puede hacer ese trabajo, realmente vemos injusto que el gerente del hotel lo relegue a los lavabos pero, en realidad, le está haciendo un favor puesto que el portero, por mucho que nos pese, no sirve (en cuanto a su capacidad de trabajo) para mucho más.

Sin embargo, Murnau hace que nos replanteemos hasta qué punto esa capacidad de trabajo compensa, es decir, cuando cambia el portero Murnau nos enseña como es este, un hombre frío y áspero, distante que no puede dar una buena imagen del hotel, en cambio, el último parece un bonachón que no puede hacer mal a nadie.
El dicho que le da título a la película es muy apropiado para la reflexión, cómo de ser el primero puede pasarse a ser el último en un abrir y cerrar de ojos, esto está relacionado con muchos otros temas, habría que darle las gracias a Murnau por recordarnos este hecho.

Me parece interesante la especie de humo que Murnau presenta dos veces en la película, la primera cuando baja por las escaleras de su casa y las señoras están limpiando las alfombras, dejan su trabajo para que pase su orgullo, el orgullo dela comunidad y le limpian el uniforme para que reluzca. Más adelante, cuando el gerente del hotel le da el comunicado conforme ya no será portero del edificio, el humo del cigarrillo que está fumando el gerente con toda indiferencia pasa por delante del traje del portero y de su cara, como si ya no fuera nadie.
Cuando le quitan el uniforme también se ve ese abandono, aparece como un ser inerte al que ya nada importa como alguien que ya no quiere vivir porque no es nadie, cuando se acerca la cámara y capta la expresión de horror del portero ante la fatídica noticia. De hecho lee el comunicado dos veces para asegurarse del destino fatal que va a sufrir.
Ese mismo significado lo encontramos en la escena en la que la mujer le da las toallas para que trabaje en los servicios que le cubren toda la cabeza (ya no es nadie, solo un cuerpo). El contraste de la tranquilidad del trabajador que le despoja de sus ropas (es solo un uniforme) y la expresión de desesperación del protagonista, a él no solo le están quitando el uniforme sino su dignidad, su orgullo, su vida...

También destaca la escena en la que roba el uniforme y sale corriendo del hotel como escondiéndose de su conciencia, cuando mira hacia atrás y el tejado de una casa se abalanza sobre él. Está claro que todos los sentimientos que produce este filme son consecuencia de la magistral técnica que presentan, los primeros planos, los movimientos de cámara, los picados y contrapicados...

La escena en que esta técnica cobra su máxima expresión se produce en el acercamiento de ésta a la trompeta, el movimiento de ir y venir de la cámara.
Otra escena a destacar se da cuando el portero entrega su uniforme al guardia, cuando lo cede, el foco que lleva el guardia ilumina su cara, él no lo mira como si tuviera miedo de verse a sí mismo. Cuando le lleva a los lavabos y el foco ilumina al portero se parece a un escenario de teatro en el que el protagonista aparece iluminado.
Después el foco desaparece y viene hacia la cámara, hacia nosotros lo que hace que nos identifiquemos con el personaje. La combinación de los movimientos de cámara con la propia historia y con la actuación magistral de Jannings lo que hacen que el film pueda reflejar a la perfección el drama de un hombre que quería ser alguien.

Calabaza

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F. W. Murnau

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