Martin Scorsese, uno de los grandes maestros del cine contemporáneo, es también un reconocido diletante musical. En esta joya llamada “El último vals” vincula ambas pasiones culturales para realizar este monumental documento sobre el concierto de despedida de esta fenomenal banda de rock llamada The Band.
Con esta película el autor neoyorquino ofrecía un valioso ejemplo de cómo abordar este tipo de proyectos, con una puesta en escena que sobrepone el valor y la comunión de la música, el público y sus intérpretes, al ejercicio de estilo onanista y autocomplaciente, el cual termina importunando y hastiando hasta niveles de imposible soportabilidad, distrayendo más que exponiendo, alejando más que acercando. |  |
Todo ello sin perder un lúcido aspecto visual y un tono cercano a sus partícipes que nos aproxima de manera directa y personal al disfrute de su obra y a la atención de sus pensamientos.
Aunque toda la película resulta memorable y un auténtico regalo para los amantes del rock de verdad, no el del marketing o el de la bobería, existen momentos cumbre, inolvidables, como la reunión de la banda con Ronnie Hawkins, su primer mentor cuando The Band se hacían llamar The Hawks, con Ronnie pidiendo a Robbie Robertson que queme la guitarra mientras hacen una fenomenal versión de Bo Diddley; la intervención de Neil Young interpretando la excelente canción “Helpless”, que había grabado junto a Crosby, Stills & Nash; el antológico duelo guitarrero entre Eric Clapton, impertérrito y esplendoroso en su apostura de dios de las seis cuerdas antes de acomodarse comercialmente, y Robertson, en contraste, con su excitable y excitante estilo interpretativo; la participación del mítico bluesman Muddy Waters o la majestuosa aparición de Bob Dylan dando inicio a la balada “Forever young” para animar el ritmo con posterioridad con la soberbia “Baby let me follow you down”.
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Tampoco podemos olvidar la intervención de leyendas musicales como la del irlandés Van Morrison, la del Dr. John y su piano cantando de manera espléndida “Such a night”, la de Joni Mitchell, quien también hace coros a Young, la de Neil Diamond, la de Paul Butterfield con su armónica, o la de la gran dama del country Emmylou Harris, quienes se unen, con las adiciones estelares de Ringo Starr y Ron Wood, en un apoteósico final cantando el tema de Dylan “I shall be released”, que termina convirtiendo esta triste escisión en una orgía melómana de dimensiones abismales. |
Alternando las interpretaciones en vivo Scorsese va conversando con los miembros de The Band, excepcionales músicos bastante colocados todos ellos, quienes nos explican su historia y sus ideas en torno al mundo del rock.
Nunca jamás el rock y el cine han alcanzado cotas tan colosales. Glorioso documento.
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Martin Scorsese
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