Una apreciable comedia de Ernst Lubitsch (como todo lo que ha hecho el gran director alemán) basada en una obra cómica de enredo del siglo XIX escrita por Victorien Sardou, que establece un comedido miramiento a la rutina y costumbre de los matrimonios acomodados en su estatus profesional y sentimental a la par que singulariza y extrema de manera muy divertida la actitud irascible de los artistas frustrados con la superficialidad general (en la vida y en el arte) que les rodea.
No obstante sus valores como comedia romántica, elegante y sofisticada, con momentos humorísticos muy destacados y el inimitable toque Lubitsch (quien ya había filmado la misma historia en su etapa muda), la película no se encuentra entre las obras maestras de su influyente autor, debido a que el desarrollo del tema no deja de ser acometido de forma débil, con una historia sencilla en la cual algunas situaciones del triángulo amoroso (como la poca incisión en las desintegraciones matrimoniales, en especial la última) merecerían mayor hendidura antes del happy end final.
Lo más importante, junto a las estupendas interpretaciones del trío, con un genial Meredith en el papel de pianista y un siempre impecable Melvyn Douglas en el papel de marido cornudo, es admirar la sabiduría fílmica de Lubitsch, maestro de la sugerencia, la sutileza y el dominio del tempo y espacio narrativo.
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Merle Oberon
Melvyn Douglas

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"El marido ideal debería seguir siendo un poco desconocido.
Alguien con quien tienes relaciones que cada día quieres renovar".
Tras seis años de matrimonio, llegamos al momento exacto en el que los
lunares se transforman en verrugas, el apelativo cariñoso de "gordi", con
el que tu chico te nombra, empieza a parecerte terriblemente inadecuado, y
el pellizquito en el moflete que te arrancaba una sonrisa (¡Ay, tonto!), se
convierte en una mirada de reojo (¿Será tonto?).
Un peldaño más arriba, te acecha la crisis en la que necesitas
imperiosamente volver a ver a tus amigas para compartir experiencias y
secretos. El lugar de reunión será, posiblemente, un pub o una cafetería,
pero en la década de los Cuarenta..................... |
................ Jill Baker se reúne con su séquito personal en el "Lavabo de
Señoras", ese espacio en el que "el hombre nunca puso un pie".
Estar en una fiesta de la Alta Sociedad y abrir la puerta de uno de esos
tocadores, debía ser algo parecido a caer por el hueco del tronco de
Alicia. Estancias amplias, pero acogedoras, suntuosas, de enormes
espejitos mágicos, en las que fácil era encontrar una camarera que supiera
limpiar la mancha de tu escote, o pasarte un pespunte al vestido. Lugares
ideales para la celebración de asambleas femeninas.
Aquella noche, la orden del día se centraba en solucionar los trastornos
físicos de Jill, y la postura unánime a la que se llegaba, la visita a un
psicoanalista.
El doctor Vengard, (Alan Mowbray), es uno de los mejores profesionales
de la ciudad. Su SUTILEZA para tratar temas embarazosos, hace que las
damas más nobles le visiten y recomienden. Cada vez que interroga a una
paciente sobre su edad, procede a anotar en el historial de ésta el número
que se le indica acompañado de un signo interesante: ¿24?. De todos es
sabido, que el año de nacimiento de una dama no interesa y que, cuando
ésta lo revela, su confesión no puede ser rebatida, sólo cuestionada en
silencio. Tampoco es imprescindible este dato, porque el astuto médico no
tardará en averiguar toda la verdad con un certero giro en las preguntas.
El desencanto de Jilly, fruto de un matrimonio tan monótono como
convencional que nada le aporta, desaparece el día que Alexander
Sebastian (Burgess Meredith) entra en su vida. La ELEGANCIA y el
excentricismo que caracterizan al mediocre pianista, serán capaces de
alimentar sus ilusiones, cambiando el molesto "quics" por un
prometedor "fue" de la única manera que un hombre podría hacerlo:
prestándonos atención.
Por su parte, el hasta entonces aletargado señor Baker (Melvyn Douglas),
reputado miembro del mundo de los negocios, no dudará en usar su IRONIA
al aplicar "una táctica nueva" encaminada a realizar la mejor venta de su
vida.
Mientras estos personajes cotidianos elaboran la que sería
considerada "inimitable prototipo de la comedia de enredo", la psicología
femenina, verdadera protagonista del argumento, consigue ser tratada con
una DELICADEZA exquisita. Con frecuencia, cuando no sabemos reconocer
nuestros fantasmas ni modificar las conductas que los crean, éstos
terminan somatizándose. Es ese "algo que va y viene", difícil de explicar,
que se traduce en ataques agudos de hipo en la protagonista; una Queenie
O'Brien cuyo repertorio de nombres artísticos sólo fue superado por el de
maridos. |  |
Y al aparece el caso extremo en el que una situación insostenible da paso
a un estado límite -ya sabes, ése en el que se confunde al amor oficial con
el lío clandestino- la única salida airosa posible es la de adoptar el acuerdo
mutuo e irrevocable de: ¡¡¡Divorciémonos!!!; exclamación que ya
popularizara en 1.925 el mismo director.
La historia original, escrita en Francia, supuso una garantía de éxito en el
cine mudo y en teatro, donde contó con numerosas reposiciones. Sin
embargo, y a pesar de existir tan gratos antecedentes, la película de
1.941, que se comercializó con frases poco afortunadas como "El capricho
de una mujer, a punto de causar su propia infelicidad", se convertía en un
estrepitoso fracaso de taquilla.
Uno de sus responsables, Sol Lesser, quizás de manera premonitoria,
rehusaba figurar en los títulos de crédito finales, las pérdidas económicas
generadas fueron cuantiosas y, poco tiempo después, la productora que le
hizo ver la luz se disolvía.
Años más tarde, este metraje alcanzaría el lugar privilegiado que siempre
le correspondió en el Universo Cinéfilo: No fue fácil ignorar la "insuperable
forma de dirigir" de quien sabía mezclar -sutilmente- la -ironía- con la -
elegancia- y hacerlo, además, de forma -delicada-. Tal vez por ello, este
producto era imperecedero desde el mismo momento de su filmación. No en
vano, la cinta llevaba impreso lo que los expertos conocían como "el toque
Lubitsch"......................
................. Sesenta y cinco años después, un cuarteto de casadas,
convocado en un centro comercial cualquiera, se dedica a comentar esta
película, que bien podría hallarse entre los estrenos de la semana. Su
temática, de rabiosa actualidad, nos lleva al convencimiento de que poco
se puede hacer para combatir las interminables, a la par de peculiares,
desatenciones masculinas; motivo más que suficiente para agradecer que,
en todas las épocas, haya habido hombres que realmente sabían y tenían
en consideración "Lo que piensan las mujeres".
Con mi eterna admiración hacia la inigualable, exótica y
Magnífica Actriz Merle Oberon.
Por la búsqueda incansable de ese concepto abstracto y
subjetivo llamado "Felicidad".
Marta Soria
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Merle Oberon
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