Una magnífica recreación británica, basada en el libro de Walter Lord, de la tragedia ocurrida al barco más famoso de todos los tiempos. La planificación de escenas, la ambientación y la definición de muchos de sus personajes influyó claramente en la futura megaproducción “Titanic” de James Cameron, quien adornó su oscarizada película con unos loables efectos especiales y una historia romántica imposible.
A pesar de que la zozobra puntual del acontecimiento en “La última noche del Titanic” está muy bien plasmada, se echa en falta algo más de incisión en el retrato y la relación entre los habitantes del barco antes del accidente y después de la culminación del naufragio (probablemente por su aspiración de relatar el acontecimiento casi como un documental), pero los momentos climáticos del desastre están muy conseguidos y el desasosiego y tensión del momento jamás decaen, permitiéndonos apreciar su exquisita dirección artística, la gradación melancólica y el espléndido tacto narrativo de Roy Ward Baker, con retazos de docudrama.
Entre las materias que aborda, el film trata temas como la diferencia de clases sociales, el sentido del deber o el comportamiento humano en situaciones límite, ensanchadas las emociones y sentimientos (sin dramatizar en exceso las mismas) ante la cercanía de la muerte propia y la separación de los seres queridos.
Convincente actuación de Kenneth More en el principal papel protagonista.
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Roy Ward Baker
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