Soberbia adaptación de la famosa novela del escritor francés Victor Hugo “El jorobado de Notre Dame”, sustentada en una sobresaliente dirección de William Dieterle, quien despliega una maravillosa y melancólica recreación del escenario y personajes de la ciudad de París del siglo XV, con espléndida dirección artística de Van Nest Polglase y fotografía de Joseph August, estupendo plantel de actores, con un Charles Laughton excepcional en su encarnación de Quasimodo (siempre a admirar en su versión original) y un fenomenal Cedric Hardwicke como el villano Frollo.
Se trata de un afligido drama romántico de la RKO con escenas inolvidables (casi todas en las que aparece Laughton), interpretado por Maureen O’Hara como Esmeralda, quien debutaba en el cine de Hollywood con este papel de gitana incitadora de heterogéneas pasiones amorosas (carnales, platónicas) que desembocan en retiro, tragedia y esperanza.
Sito en una época en la cual la Edad Media fenece y el Renacimiento parece adueñarse de la situación. Una época en la cual el humanismo libertario tiene que tomar irremediablemente el relevo a la superstición, al fanatismo y el prejuicio. Es tiempo de descubrimientos e inventos, de la aparición de la imprenta que acerque el conocimiento a todos los hombres y mujeres, de la desaparición de los dogmas, de la permuta entre el reaccionario, hipócrita y mal encarado Frollo por el poeta afable y reivindicativo Gringoire, el triunfo del poder mayoritario del pueblo por la oligarquía y el privilegio de la nobleza. |  |
Testigo sordo y ausente de estos cambios, morando en una soledad tañida por el sonido de las campanas, reside Quasimodo, ese ser incomprendido y aislado que desearía poseer un corazón de piedra y así no sufrir de amor.
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