Trabajo clave en la filmografía del interesante y poco prolífico Víctor Erice. La película resalta el poder imaginativo de la niñez a través de la mirada de Ana Torrent.
Es una imaginación que logra materializar sueños en un ambiente poco propicio para el onirismo, donde unos adultos sin ningún tipo de interacción familiar ni social existen en un estéril estado vegetativo e inmolan su tiempo (un tiempo custodiado dentro de un reloj de bolsillo musical) en mantener y admirar panales y abejas, organizadas y estructuradas con un orden preciso, monótono e invariable, de claro sentido metafórico.
Los personajes se mueven en un terreno árido de un pueblo aislado, en el que poco o nada se puede hacer como no sea buscar con ilusión infantil el espíritu de los monstruos.
La narración sensible de Erice, el paso templado del ritmo, el tiento en los planos, la composición casi mágica de los encuadres, la fotografía iconográfica, las medidas interpretaciones y el poder de la imagen sobre la palabra, hacen de "El Espíritu De La Colmena" una estimable obra de arte.
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