En un principio, el elefante de tan curioso título parece hacer referencia a
que el tamaño de dicho animal puede ocultarnos la verdad. Pero esa no es
exactamente la idea, sino que significa que la violencia es un hecho tan
fácil de ignorar como un elefante en el salón.
Gus Van Sant ha optado por el riesgo. Su película carece de ritmo, guión
completo, orden, progresión y todo lo que la mayoría de filmes suelen
tener. No es necesario: su visión de los asesinatos verídicos que dos
estudiantes llevaron a cabo en su propio instituto, Columbine, va más allá
de las fórmulas que conocemos. Van Sant no ha intentado manifestar su
opinión ni mucho menos manipular al espectador, sino que de forma imparcial
se ha limitado a mostrar los hechos para suscitar la difícil pregunta: "¿por
qué lo hicieron?".
Durante la mayor parte del filme asistimos a la monótona, frívola e incluso
aburrida vida cotidiana de los estudiantes, que pasean sin rumbo por los
vacíos e interminables pasillos del instituto, que hablan de banalidades y
que no parecen aspirar a nada en la vida. No es casualidad que los actores,
no profesionales, sean en realidad estudiantes que hacen de ellos mismos
para demostrarnos cómo son los adolescentes de hoy. La cámara los sigue en
planos largos, lentos y hasta poéticos.
El final, no por conocido menos sorprendente, impacta por el sinsentido de
su aparición. No hay emociones, no hay casi palabras, no hay explicación. Es
sólo la realidad. Ése es el objetivo de Van Sant, nada pretencioso y por esa
misma razón poco evidente. Su propuesta, erróneamente comparada con el
documental "Bowling for Columbine" de Michael Moore, puede dejar indiferente
a más de uno, cuando en realidad su enfoque del tema tiene como resultado
una denuncia mucho más cruda y eficaz. No obviemos al elefante.
Éowyn
La película está basada en unos terribles acontecimientos reales en los cuales dos chicos armados entraron en su instituto causando terror entre sus víctimas y asesinándolas sin miramientos con disparos a bocajarro.
Lo principal en esta película es el impacto final, y conseguir tal estupefacción en un film en donde ya sabes lo que ocurrirá puesto que está basado en la realidad se debe hacer transmitiendo rutina y naturalidad a la cinta de principio a fin; y Gus Van Sant lo consigue con creces, parece un día de estudiantes tan común y real que a veces el film cansa y cesa tu interés hasta que el final te abofetea y te hace abrir bien los ojos y comprender que esos chicos normales no están, muriendo a manos de dos compañeros suyos, marginados, solitarios y extraños.
No hay subterfugios, no hay nada que impida que la trama avance, no hay trampas, no hay sorpresas, todo perfectamente encuadrado hasta la explosión de primer impacto que te otorga el logrado último cápitulo.
Sencilla y complicada, una película de matices difícil de ver que ha ganado la Palma de Oro en el festival de Cannes de 2003, y también el premio al mejor director. Premios discutidos, que desde mi humilde opinión creo que muy merecidos.
La película más real que he visto, que relata con gran atino como hubo un cambio radical en la vida de ese pequeño normal instituto.
Lo mejor: la película en si, el impactante final.
Lo peor: algunos pasajes un tanto lentos, como por ejemplo los paseos de los protagonistas (aunque ahí radique su verosimilitud y su naturalidad.) Miguel Calvo Marqués
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