 | THE LADYKILLERS (2004)

Director : Joel Coen y Ethan Coen.
Intérpretes: Tom Hanks, Irma P. Hall, Marlon Wayans, J.K. Simmons.
El profesor Goldthwait Higginson Dorr (Tom Hanks) recluta un grupo de expertos delincuentes con la intención de cometer un robo.
Para lograr su objetivo se alojan en el hogar de la viuda y piadosa mujer Marva Munson (Irma Hall), haciéndose pasar por intérpretes de música renacentista y ensayando en el sótano de la casa con la intención de construir un tunel que les lleve al casino que quieren desvalijar. |
Los hermanos Joel y Ethan Coen, compartiendo por primera vez en su carrera créditos como co-directores, son básicamente grandes cinéfilos con un lúcido estilo narrativo, impactante diseño visual y una creación de interesantes e infrecuentes historias y personajes. En este título recuperan la trama elemental de “El quinteto de la muerte”, una caper comedy de humor negro realizada por la Ealing que estaba dirigida por Alexander McKendrick e interpretada por Alec Guiness y, entre otros, Peter Sellers. Su resultado emite cierto tufillo por el acomodo en el mainstream tras “Crueldad Intolerable”, hecho muy perjudicial para la carrera de unos cineastas arriesgados, brillantes y originales.
En esta actualización cambian el loro por un gato y trasladan la historia desde el ambiente londinense al sur de los Estados Unidos, en el delta del Mississippi, sirviendose de varios tópicos del lugar, con incidencia en el empleo de la música gospel.
Algunos trazos de su característico proceder se hallan en esta película, como la presentación de variopintos personajes de perfil caricaturesco y exagerado con tendencia al cartoon (una particularidad en la definición de los caracteres humorísticos de los Coen), que lamentablemente se encuentran demasiado estereotipados, el brillo en el estilo, que por desgracia no evita la autocomplacencia, y diálogos que denotan cierta agudeza coeniana, aunque la historia depara más sonrisas que risas por su condición de humor reiterativo y estereotipado de segunda categoría, con peroratas cansinas y una arritmia inusual en sus hacedores.
Tom Hanks, como caballero sureño aperillado con adoración por el gran Edgar Allan Poe, está sobreactuado y la elección del personaje femenino resulta un error, no por la aceptable interpretación de Irma P. Hall sino debido a que su fornida presencia carece de la delicadeza y vulnerabilidad de su predecesora británica, Katie Johnson, hecho que aumentaba su contraposición física y psicológica con el grupo de delincuentes.
El resto de la pandilla no pasa de la unidimensionalidad.
Contemplando la inanidad de este título, uno de los más prescindibles de la fraternal pareja, se aprecia lo difícil que resulta realizar una comedia de altura, es decir, ser o parecerse a Howard Hawks, Billy Wilder, Preston Sturges…o incluso a competentes artesanos de la Ealing como Charles Crichton o Alexander Mackendrick.
Dentro de la filmografía de los Coen y en el citado género, mucho mejor revisar las estupendas “Arizona Baby” o “El gran Lebowski”.
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Hermanos Coen
Tom Hanks

He de admitir que los Coen han sabido quedarse con el esqueleto de la
historia y construir un envoltorio diferente que otorga originalidad al
nuevo argumento. Pero si encuentro un rasgo común en ambas versiones es la
dificultad para hacer arrancar la historia, y la repentina vuelta de tuerca
que desvía la atención de la película desde el robo al intento de asesinato.
Si el título original, tanto en 1955 como en 2004, es “The Ladykillers”,
significa que la idea central del film es matar a la anciana, pero en ambos
films, este concepto sólo ocupa el último tercio de la narración.
Acerca del humor de la película, me parece muy triste que los otrora
geniales hermanos Coen tengan que echar mano de chistes sobre culos para
intentar arrancarle una sonrisa al espectador. Respecto a lo del colon
irritable, resulta de guionista principiante que se descubra la enfermedad
de Pancake cinco minutos antes de que empiecen los repetitivos chistes sobre
el tema.
En cuanto a los actores, Irma Hall es sin duda lo más atractivo de la
película, ya que Tom Hanks promete mucho en su primera escena, pero el
histrionismo de su personaje nunca da de sí todo lo que podría (y debería).
En cuanto a los demás miembros de la banda, sus escenas de presentación son
absolutamente prescindibles, y, hasta para un amante de los personajes
estereotipados como yo, resultan demasiado esquemáticos y previsibles,
cuando no fuera de lugar (el personaje de Wayans simplemente ha cambiado el
cáñamo de “Scary Movie” por el cañón de una pistola).
Lo admito, la película me divirtió; pero en una película firmada por Joel y
Ethan Coen, no me conformo con sonreír una docena de veces y bailar a ritmo
de Gospel mientras salgo de la sala.
Eduardo Moyano Fernández
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