Después de trabajos para televisión, como la serie “Historias para no dormir” o “Historia de la frivolidad”, Narciso “Chicho” Ibáñez Serrador debutó como director de largometrajes cinematográficos con “La Residencia”, un film de terror psicológico centrado en la represión y frustración sexual de un grupo de personajes alojados en una residencia, que sirve para exhibir un erotismo descafeinado con anclaje en el lesbianismo, el voyeurismo y el incesto, buscando el lado perverso de los caracteres que maneja.
Con la ayuda en el guión de Luis Verner Peñafiel y Juan Tébar y la inspiración en el concepto climático de su admirado Edgar Allan Poe, Chicho construye un film interesante, principalmente por la excelente consecución de una atmósfera de servidumbre y dominación desarrollada con un plausible tacto fílmico repleto de detalles y elegancia, pausado, con un montaje estupendo y una narración llena de sugerencias que no evita la muestra directa de escenas sanguinolentas con slow motion incluido. Seguramente Darío Argento tomó buena nota del proceder de Ibáñez Serrador en esta película.
También denota talento para la dirección de actores, consiguiendo unas interpretaciones muy aceptables, en especial Lilli Palmer en el papel de directora del internado y el joven John Moulder Brown, pero para lograr cotas mayores le falta mayor incidencia en algunas situaciones, derivada de la censura del momento, y menor previsibilidad en su desenlace.
La banda sonora, muy prominente y efectiva, está escrita por Waldo de los Ríos.
Por cierto, y aunque el tema de ambas películas simplemente se roce… ¿vería Don Siegel esta película antes de rodar “El Seductor”?...
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