Siete años después de dirigir la que fuera una de las mejores cintas de
ciencia ficción de los ochenta, el maestro del cine contemporáneo James
Cameron (Piraña 2, Aliens, Abyss, Mentiras Arriesgadas, Titanic, etc...)
vuelve a sorprendernos con una segunda parte (su trayectoria está llena
de ellas) rebosante de calidad técnica y cinematográfica. Creo que
Cameron es el único director que conozco capaz de recuperar viejas
historias, rodar segundas partes de ellas y que éstas sean incluso, a
veces, mejores que las originales.
En un Hollywood actual en el que una película es valorada positiva o
negativamente en función de la cantidad de dinero derrochada en ella,
puedo imaginarme que “Terminator 2” debió ser la cinta más aclamada por
los críticos debido, efectivamente, al alto presupuesto con el que
Cameron contaba, pero seguro que muy pocos de esos críticos supieron ver
en esta película un guión perfectamente estructurado, una fotografía
exquisita o una amplia riqueza de matices con un mensaje agorero pero
muy creíble.
Repleta de inolvidables escenas de acción, el filme es mucho más que una
simple "película de héroe con niño". De hecho, ese alarde de efectos
especiales son el contrapunto justo en un guión en el que la
frustración, el desasosiego y la necesidad de huir de un mundo injusto
son los débiles cimientos con los que se forma y educa un quinceañero
John Connor, ninguneado por sus tutores legales, y que debe enfrentarse
a una madre de apariencia esquizofrénica, encerrada en un aséptico
sanatorio mental, con la que necesita establecer contacto. Es un
ambiente marginal que forja al héroe que deberá asumir el liderazgo en
una futura guerra apocalíptica contra las máquinas.
No es una película para lucimiento de sus actores. Se agradece que el
musculoso Arnold Schwarzenegger se mantenga perfecto en su papel, sin más
pretensiones, poco texto y mucha presencia. El adolescente Edward Furlong
cumple un rol muy creíble en la América actual, sin necesidad de
sobreactuar, ni siquiera en el lacrimógeno final. La actriz es, sin
duda, Linda Hamilton, quien, una vez más, nos ofrece una actuación dramática
excepcional en la que ni una sola vez sonríe a la cámara. Y es que
”Terminator 2” es un drama clásico.
Martin Robles
Partiendo de un guión escrito y desarrollado durante años por el propio Cameron en colaboración con William Wisher, el Terminator tomaba por así decirlo un giro de 180º de ser el villano antagonista que fue en la película original, a convertirse en una especie de protector reprogramado por el propio John Connor en el futuro.
Esta película contó con un enorme presupuesto y mayores medios técnicos en su realización además de unos innovadores efectos especiales por obra de Industrial Light & Magic que ganaron merecidamente un Oscar contando con todo el equipo original que participo en la primera película. También poseía un óptimo argumento y personajes mejor desarrollados y perfilados con momentos francamente muy emotivos e inspirados, como cuando la protagonista Sarah Connor reflexiona en pleno desierto de la vida que ella misma le ha aportado a su hijo y de la pesadilla de una guerra nuclear que sufre quedándose dormida acerca de que no hay un destino escrito y establecido, tan sólo existe lo que los hombres realizan en su vida cotidiana a través de sus actos.
Teniendo en cuenta de que según la visión de Cameron de que el peligro tecnológico existe formalmente en la concepción de un determinado elemento como un simple y aparentemente inofensivo microchip y que este acaba por convertirse en una especie de semilla maligna y dar origen a la aniquilación del hombre como especie dominante del planeta Tierra, le da a la película de manera muy acertada y crea una aureola de terror tecnológico latente a lo largo de su metraje al igual que en la película original, y que la mejor forma de detenerlo es destruyéndolo de raíz para así evitar males mayores.
A destacar la fenomenal labor interpretativa que realiza Linda Hamilton de nuevo en su papel de Sarah Connor que si en la película original era una inocente chica con una vida normal, en esta secuela su personaje se ha ido endureciendo y se supera hasta tal punto de que es una mujer de armas tomar, hostil y que respira una violenta insoportable por los cuatro costados capaz de matar si es necesario con tal de sobrevivir y proteger a su hijo ante las adversidades y peligros que los acechan.
También la extraordinaria labor fotográfica de Adam Greenberg en la iluminación de los personajes y escenarios como la batalla que tiene lugar entre los hombres y las máquinas al comienzo del filme y en especial con el Terminator y de la banda sonora de Brad Fiedel que sin apartarse de lo que aportó en su momento lo engrandece mediante el uso de instrumentos como la guitarra para las mencionadas escenas en el desierto.
Todo esto y mucho más hacen de esta película una obra maestra que supera en medios y argumento a la que hizo originalmente en 1984 y que tampoco fue concebida para hacer una secuela en mi opinión innecesaria como “Terminator 3: La Rebelión de las Maquinas” (2003) de Jonathan Mostow pero eso ya es otra historia. Rostov
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