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TIOVIVO C. 1950 (2004)
 
Director: José Luis Garci.
Intérpretes: Alfredo Landa, Elsa Pataky, Francis Lorenzo, Carlos Hipólito.
En el año 1950 y en la ciudad de Madrid seguimos las vivencias de un grupo diverso de personas, entre ellas unos empleados de una entidad bancaria, los pobladores de un concurrido café, una anciana y religiosa mujer, una joven trabajadora del metro que se encuentra con dilemas amorosos, un hombre que intenta salvar a su hermano de la muerte… |
José Luis Garci retoma, como en sus previas películas, un ejercicio nostálgico sobre la España de las décadas de la posguerra, desplegando en este título coral varias subtramas ambientadas en el Madrid de los años 50, lugar y época en la cual se encuentran múltiples personajes de distinta índole y condición, con sus diferentes problemas sentimentales, sus deseos profesionales o sus maneras de entender la vida.
El proyecto, muy distante entre lo que propone (resulta sumamente pretencioso) y lo que ofrece (un conjunto de naderías), está perfectamente trazado en cuanto a su dirección artística y a la elección de una fotografía que parece simular el cromatismo de las películas de la época, pretendiendo exhibir un heterogéneo retablo humano que abarque múltiples aspectos y sentires vitales de la sociedad franquista, diversificando la perspectiva tonal en unas intrahistorias por lo general deshilachadas e insuficientes, presentadas con retazos poco incisivos y personajes sin auténtica dimensión, que no van más allá de una interacción funcional con diálogos sin demasiado ingenio.
Cuando en el atisbo a estas historias Garci se decanta por una gradación de humor ligero, éste resulta bastante pobre, lleno de frases tópicas, situaciones de comedia muy triviales y vistas, e íncluso algunas ínfulas amarcordianas.
Cuando intenta mostrarse trascendente con algún miramiento sociopolítico o cultural del momento (censura, represión intelectual, pérdida del casticismo y miras de expansión, la situación artística del período, comentarios sobre la iglesia, advertencias sobre el exceso tecnológico) simplemente araña con superficialidad un asunto tocado muy de soslayo, quedándose en la pura anécdota representada por unos caracteres a los que les falta profundidad.
Cuando quiere ser dramático no llega a tocar la fibra ya que sus personajes, muy estereotipados y aparentes, no interesan lo bastante para que ello se produzca, y cuando pretende insinuar actitudes no demasiado bien vistas en la época, como el lesbianismo, todo parece demasiado forzado para creérselo.
Es una lástima ya que Garci denota un buen tacto fílmico para plasmar con suficiencia las diversas historias, con influencia, y salvando la gigantesca distancia entre uno y otro, de Max Ophuls, pero las mismas no transmiten nada o casi nada, resultando algunas de ellas bastante patéticas en su definición final.
En cuanto al nivel interpretativo, el film, que incluso establece un tributo al musical estadounidense, por su naturaleza coral contiene un extenso reparto de conocidos rostros, deparando desiguales actuaciones, entre las que destacan por su viveza interpretativa las de los actores que representan las escenas bancarias, entre ellos Santiago Ramos y el siempre efectivo Luis Varela.
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