La deleznable caza de brujas de Hollywood obligó al maestro Wilder a dejar de lado su habitual tono satírico, y en ocasiones demasiado incómodo, para filmar esta comedia musical en la que, a pesar de todo, se aprecian los geniales destellos de humor del director. Aunque es sabido que el discípulo directo del maestro Lubitsch ha renegado por activa y por pasiva de la película que realizó, sin duda, bajo la presión del estudio y por el delicado momento político, esta opereta musical es una simpática y agradable cinta con un dúo protagonista que recrea la amable e idílica vida del Tirol.
Si alguien pretende encontrar aquí el mínimo atisbo de lo que ha hecho único e irrepetible el conjunto de la obra wilderiana, indudablemente se llevará una desagradable sorpresa. Pero si somos capaces de asumir que se trata de una comedia blanda, apreciaremos en ella a un divertido vendedor ‘yankee’ de fonógrafos deseoso de abrirse un hueco en el mercado europeo siempre con su 'chucho' a cuestas, a una núbil condesa cuya familia no atraviesa su momento más glorioso y a un sabio emperador obsesionado por la cría de canes con pedigrí que pretende aparear a su más preciado animal con una mascota elegida para tal ocasión.
Martin Robles
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