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Con un título que bien puede evocar cualquier trabajo de Frank Capra, Emir
Kusturica nos presenta esta película que pretende ser una redención del
conflicto armado sufrido en su tierra, los Balcanes.
Ciertamente, la película puede fragmentarse en tres partes bien
diferenciadas (y que, curiosamente, coincidirían con distintos géneros
cinematográficos). En el primer tercio, de ritmo muy trepidante, Kusturica
nos presenta a los distintos personajes, y asistimos a una auténtica
comedia loca con gags recuperados del cine mudo, poco utilizados ya,
pero que consiguen todavía el efecto de carcajada en el público. En el
segundo tercio, con la entrada del conflicto bélico, entramos en la parte
más dramática con una progresión más atemperada. Y finalmente, el último
tercio, en el que se resuelve la película, nos vemos inmersos en pleno
episodio romántico, con una cadencia muy suave que nos lleva a un final
esperanzador (no puede ser de otra manera, insisto, con un título
tan "capriano").
De esta manera, el cocinero Kusturica nos sirve un menú muy casero,
compuesto por un primer plato liviano, fácil de digerir; un segundo plato
más pesado y elaborado, con carne poco hecha (o muy hecha,
dependiendo de la secuencia), y un postre muy, muy dulce, todo ello
regado con un vino espumoso de la casa, de los que se suben rápidamente
a la cabeza.
En definitiva, Kusturica, con buenas intenciones pero sin llegar a cuajar en
el resultado final (quizá por el excesivo metraje de la película y su
arritmia), nos vuelve a mostrar su universo personal, con música de la
etnia gitana de fondo (que tan buenos resultados le ha dado en el pasado,
recuérdese "Gato negro, gato blanco"), y acompañándose de intérpretes
muy solventes, de los que destaca, por encima de todos, Vesna Tribalic
(Jadranka), la esposa de Luka y diva operística venida a menos.
Alberto Alcázar
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