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El gran carnaval (1951) de Billy Wilder
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9.2/10Vota tú esta película

EL GRAN CARNAVAL (1951)
Director: Billy Wilder.
Intérpretes: Kirk Douglas, Jan Sterling, Robert Arthur, Porter Hall.


Charles “Chuck” Tatum (Kirk Douglas) es un periodista de poca monta, otrora destacado colaborador de algunos medios gráficos de Nueva York. Llega, sin trabajo y casi en la ruina, al pueblo de Alburquerque, en el estado de Nuevo México.
Allí se ofrece para colaborar en el periódico local y su vida se convierte en la eterna espera de la “gran noticia”.

Es claro que en un pueblito casi rural las noticias son pocas y de escasa relevancia, por lo que Tatum vive su estadía en el lugar como si se tratara de una condena. Pero un día, al fin algo sucede: Leo Minosa, un lugareño de origen indio, ha quedado atrapado en una mina. Tatum ve en el hecho su gran oportunidad y, desnudando su absoluta falta de escrúpulos, se aprovecha del asunto para dar el salto.

Rescatar a Leo por los métodos convencionales puede llevar apenas unas horas, pero Tatum convence al sheriff, a la esposa de Leo y a otros personajes de que realizar el rescate desde arriba de la mina, barrenando la roca, dará el tiempo suficiente como para llamar la atención de todo el mundo, permitiéndoles, a todos, sacar rédito de la situación. A él le dará, claro, la anhelada oportunidad de tener para sí “la gran historia” y contarla. Contarla en exclusiva, hora por hora, día por día, mientras debajo de la tierra alguien lucha por mantenerse vivo.
El bar que atiende Lorraine, la esposa de Leo, comienza a recibir visitantes de todas partes de los EE.UU. (que montan tiendas alrededor de la mina, profieren testimonios inconducentes, venden artículos de todo tipo y cantan una canción que Leo nunca escuchará), el sheriff hace campaña para ser reelecto y Tatum tiene, por fin, la gloria consigo. Hasta convence a Leo de que es su amigo y así se convierte en su (casi) exclusivo visitante en el interior de esa prisión de piedra (solo baja dos veces acompañado; una con el médico, otra con el cura). Como si necesitara llevar más lejos su ambición, tiene un affaire con Lorraine. Pero todo, absolutamente todo, siguiendo una axiología wilderiana, se complica…

“El Gran Carnaval” es una película cáustica, de las más corrosivas del gran Billy Wilder. Nunca tuvo la aceptación de público y crítica que otras obras del director tuvieran en los EE.UU.; sin ir más lejos, su inmediata antecesora, “El Crepúsculo de los Dioses” (1950). Es que el film trata acerca de la ambición, del ansia de protagonismo y poder, de la traición, del vouyerismo ante la desgracia ajena, de la insensibilidad.
Son demasiados aspectos negativos que el alma humana encierra como para que la película sea simpática. La obra incomoda al espectador, lo pone frente a un espejo opaco y decadente. Es que a nadie le agrada ver exhumados a aquellos aspectos casi siempre escondidos en el interior, tan profundos y oscuros como la mina que guarda al desdichado de turno.

Desde el punto de vista formal, el film está estructurado casi exclusivamente desde el punto de vista de Chuck Tatum, a la postre uno de los más desalmados personajes de la historia del cine.
Jugada más que arriesgada de Wilder, que obliga, merced a la voz cantante elegida, a una identificación que complica al público. Al tiempo, el personaje de Lorraine (a cargo de la hermosa Jan Sterling) propone la presencia en pantalla de una “femme fatale” atípica, que progresivamente va mostrando su paralelo moral con el periodista.

“El Gran Carnaval” es una de las películas preferidas de Woody Allen y - al mismo tiempo - una de las más escondidas joyas de Billy Wilder, lo cual no deja de ser una coherencia.
Una película cuyo plano final, por ejemplo, vale más que muchas cintas completas que nos ha tocado en suerte ver.

Raúl Bellomusto

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