 | CONSTANTINE (2005)
 
Director : Francis Lawrence.
Intérpretes: Keanu Reeves, Rachel Weisz, Shia LaBeouf, Djimon Hounsou.
John Constantine (Keanu Reeves), un hombre amargado y alcohólico que posee el don de reconocer a los ángeles y a los demonios híbros con aspecto humano, se había suicidado para escapar de estas visiones, pero resucitado en contra de su voluntad espera ganarse la salvación de su alma enviando a los discípulos del diablo a las profundidades.
Constantine será requerido por una detective policial llamada Angela (Rachel Weisz) para que le ayude a resolver la misteriosa muerte de su hermana gemela. |
Debut en el cine de Francis Lawrence, hacedor de videos musicales para grupos como los punk-poppies Green Day, los rockeros Aerosmith, los alternativos Goo Goo Dolls o la princesita del pop para adolescentes Britney Spears.
Con este bagaje tan chusco Lawrence se puso a los mandos de “Constantine”, versión cinematográfica del cómic “Hellblazer”, creado por Jamie Delano y John Ridgeway con el empleo del personaje de John Constantine, ideado años antes por el británico Alan Moore.
La oscuridad que rodea a la historia y al personaje heróico central, en búsqueda egoísta de redención, son el punto básico de referencia para la planificación del proyecto, al incidir Francis Lawrence en otorgar un siniestro y umbrío semblante atmosférico, apoyado en la diseñadora de producción Naomi Shohan, quien se había ocupado del diseño de “American Beauty”, y la fotografía, evocativa pero nada original, del francés Philippe Rouselot, discípulo del gran Néstor Almendros y, últimamente, colaborador de Tim Burton.
Este trabajo técnico es el soporte de un enredado thriller sobrenatural con ligazones morales entre cielo e infierno, un film post-noir con abundante imaginería religiosa, bastante vacío y arbitrario, sin demasiado solidez en la narrativa, en la trama ni enfoque en el progreso y estructura de su guión, por otra parte disperso en tonos, gratuito en el clímax y blando en la caracterización y desarrollo del antihéroe, mediocremente interpretado por Keanu Reeves, al que le falta complejidad psicológica y sentido del humor para desubicarse de su posición estelar conseguida con “Matrix”.
Resulta también inane en la subtrama, ineficaz en el retrato de sus personajes y demasiado cetrino para que luzca con magnificencia su presupuesto en las escenas de acción los efectos especiales y su apreciable entramado visual en un conjunto con una correcta Rachel Weisz dando réplica femenina al impávido Reeves.
La interpretación de Weisz, la fuerza visual y algún momento que otro de tensión y entretenimiento es lo más prominente de un film sombrío, que toma prestados elementos de “Matrix”, “Blade” o “El Exorcista”.
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