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El actor Zach Braff sorprende en parte con “Algo en común”, su debut como director, al manifestar que no le falta habilidad y sensibilidad para conjugar emociones en esta comedia dramática y romántica, con reminiscencias de “El Graduado” y lugar para el encuentro paterno-filial y la zozobra veinteañera, esa edad con tantas ilusiones que en buena parte se quedan en agua de borrajas.
La trama de la película se aposenta en unos personajes correctamente delimitados en tales emociones, acariciados con tacto agridulce, íntimo y melancólico, no exento de ironía, con lugar para la exposición de un muestrario de estrafalarios caracteres, a los que quizá no se les exprima como podría hacerse, al igual que, en ocasiones, pocas, no se consiga del todo compactar a la perfección el tono del relato, lo que perjudica levemente el nivel emocional perseguido.
Sin embargo, el resultado de este “Garden State” es el de una más que interesante y sencilla historia de crecimiento y reunión personal, que además de su apreciable balance emocional y su facultad narrativa, sin embrollar el asunto con truquillos temporales o de perspectivas, para el manejo honesto de sentimientos y el acertado retrato de los mismos en sus personajes, sin barroquismos, petulancias ni gansadas, muestra un apreciable calado visual, lo que todavía eleva más el valor de un film que incluye temas de bandas tan disfrutables como Iron & Wine o The Shins.
También, y no sabemos si como guiño a la película de Mike Nichols, suena un tema de Simon & Garfunkel, “The only living boy in New York”.
Al margen de ello, Braff denota también buena capacidad para la dirección de intérpretes, con una Natalie Portman que demuestra con cada proyecto su maduración como actriz de primer nivel.
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