|
John Waters es uno de los grandes iconos del trash gracias a sus comedias excesivas, baratas y extravagantes, pura diversión camp de incisiva crítica y/o comentario social con una creativa amalgama de estrafalarias situaciones y personajes.
Su cine resultaba entretenido cuando esa mirada contracultural contenía los momentos anárquicos y desvergonzados que solía deparar en su cochambrosas imaginerías el autor de Baltimore en los años 60, 70 y 80, época, desde la revolución sexual de finales de los 60, también más propicia para la creatividad obscena y chafardera en una sociedad con mayores represiones y que no estaba acostumbrada a ver tanto culo y teta al aire por las pantallas (ahora ya es al revés y cotizan a la baja las carnes al descubierto).
Pero bueno, en los Estados Unidos todavía mucha gente anda con el puritanismo por bandera y este pequeño film sirve para mofarse un tanto de contenciones sexuales que coartan el pasarlo de pinga con el arte de la copulación y sus aspectos colaterales.
En los últimos tiempos tal imaginería era escasa, aplacando las tendencias descocadas más gratamente hediondas y alocadas en la busca la explotación curiosa pero simple de historias encontradas en algunos de sus últimos trabajos, como “Pecker” o “Los asesinatos de mamá”.
En “Los Sexoadictos”, de la que se esperaba mucho más tras contemplar en el cartelito como le habían inflado los pechos a la atractiva Selma Blair, Waters intenta recuperar, sin alcanzar sus momentos más afortunados y desvariados, su pretérita condición de provocador y activista del bendito mal gusto en este mundo mediocre y acartonado.
No obstante la película, cine basura sin mayores aspiraciones, está establecida como una screwball comedy sexual en base a mostrar y escarbar de manera humorística, especialmente en el aspecto verbal, en las cuitas coitales de un vecindario de clase media.
Rara vez exalta o sorprende en los asuntos que emprende, pero proporciona algún que otro diálogo o frase graciosa, está manejada con un tempo ágil y se disfruta por alguna de sus interpretaciones, en especial Tracey Ullman, en su traslación del a mi no me toca a nadie el clítoris (si es que su personaje sabía que poseía tal placentera pieza femenina) a que me penetren raudamente que no aguanto más con tanto vicio en mi cuerpo.
En el reparto también aparece el cantante Chris Isaak, Patricia Hearst, la nieta del William Randolph, y varias habituales de Waters, como Mink Stole o Mary Vivien Pearce.
Enlaces
John Waters
Selma Blair
© Aloha Criticón. Todos los derechos reservados.
|