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Los sexoadictos (2004) de John Waters
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7.2/10Vota tú esta película

LOS SEXOADICTOS (2004)

Dirección: John Waters.
Intérpretes: Tracey Ullman, Johnny Knoxville, Selma Blair, Chris Isaak.

En el barrio de la ciudad de Baltimore Hartford Road vive Sylvia Stickles (Tracey Ullman), una mujer reprimida sexualmente casada con Vaugh (Chris Isaac), cuya hija Caprice (Selma Blair), que se ha operado los pechos, trabaja como gogó.
La represión de Sylvia cambiará totalmente cuando tras un accidente y un golpe en la cabeza conoce a un atractivo conductor de grúa llamado Ray-Ray Perkins (Johnny Knoxville), un curandero sexual experto en excitar la lujuria que todo hombre y mujer lleva dentro, tranformando a Sylvia de mojigata en erotómana.

John Waters es uno de los grandes iconos del trash gracias a sus comedias excesivas, baratas y extravagantes, pura diversión camp de incisiva crítica y/o comentario social con una creativa amalgama de estrafalarias situaciones y personajes.
Su cine resultaba entretenido cuando esa mirada contracultural contenía los momentos anárquicos y desvergonzados que solía deparar en su cochambrosas imaginerías el autor de Baltimore en los años 60, 70 y 80, época, desde la revolución sexual de finales de los 60, también más propicia para la creatividad obscena y chafardera en una sociedad con mayores represiones y que no estaba acostumbrada a ver tanto culo y teta al aire por las pantallas (ahora ya es al revés y cotizan a la baja las carnes al descubierto).
Pero bueno, en los Estados Unidos todavía mucha gente anda con el puritanismo por bandera y este pequeño film sirve para mofarse un tanto de contenciones sexuales que coartan el pasarlo de pinga con el arte de la copulación y sus aspectos colaterales.

En los últimos tiempos tal imaginería era escasa, aplacando las tendencias descocadas más gratamente hediondas y alocadas en la busca la explotación curiosa pero simple de historias encontradas en algunos de sus últimos trabajos, como “Pecker” o “Los asesinatos de mamá”.
En “Los Sexoadictos”, de la que se esperaba mucho más tras contemplar en el cartelito como le habían inflado los pechos a la atractiva Selma Blair, Waters intenta recuperar, sin alcanzar sus momentos más afortunados y desvariados, su pretérita condición de provocador y activista del bendito mal gusto en este mundo mediocre y acartonado.

No obstante la película, cine basura sin mayores aspiraciones, está establecida como una screwball comedy sexual en base a mostrar y escarbar de manera humorística, especialmente en el aspecto verbal, en las cuitas coitales de un vecindario de clase media.
Rara vez exalta o sorprende en los asuntos que emprende, pero proporciona algún que otro diálogo o frase graciosa, está manejada con un tempo ágil y se disfruta por alguna de sus interpretaciones, en especial Tracey Ullman, en su traslación del a mi no me toca a nadie el clítoris (si es que su personaje sabía que poseía tal placentera pieza femenina) a que me penetren raudamente que no aguanto más con tanto vicio en mi cuerpo.
En el reparto también aparece el cantante Chris Isaak, Patricia Hearst, la nieta del William Randolph, y varias habituales de Waters, como Mink Stole o Mary Vivien Pearce.

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John Waters
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