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Elaborada cinta dramática del atípico director Darren Aronofsky, que nos
transporta a un mundo de sueños y obsesiones, pesadillas e ilusiones,
mostrándonos el poder de la droga, y como esta, ya sea la heroína o la
televisión, es capaz de destruir las esperanzas los deseos y las ilusiones
de aquellos que la toman, o simplemente la rodean.
Aronofsky quien nos deslumbró con la más que fabulosa "Pi", recrea en este
film el submundo de las drogas, y para ello se vale de un majestuoso guión
firmado por él mismo, en el que se critica y rechaza una de la drogas mas
potentes que nos asolan, la televisión, comparándola hasta extremos
ilimitados con la heroína. Con un montaje dinámico, alegre e incluso
adictivo, nos lleva directos a las pupilas de aquellos que ven la droga con
ojos de consumidores, nos hace caminar por la delgada línea que separa le
mente y el corazón, para llegar a caer en la complejidad del inconsciente,
cuando ya no se sabe que es realidad y que es ficción.
Una increíble Ellen Burstyn, acompañada de Jared Leto y de la siempre guapa Jennifer Connelly,
son los conejillos de indias, los ratones de laboratorio, de esta curiosa y
completa película que hace débil el alma humana.
Ayudada por una fotografía colorida y colorista, unos actores con toda la
carne en el asador y una música capaz de transgredir cualquier forma de
vida, este jaque a la sociedad, este envido a la vida, se convierte en una
obra de impactante fuerza, de riqueza moral y filosófica, capaz de hacer
mella en todo aquel que libre de prejuicios se detenga a ver esta película
que vuelve a hacer del cine un método de enseñanza universal.
Ignacio Moralejo Gutiérrez
Después de su trepidante debut cinematográfico con la película “Pi: Faith in Chaos”, Darren Aronofsky hace vibrar “algo” en su público, ¿qué es?, ¿de qué trata? Una árida advertencia donde cabe citar una verdad contundente acerca de las adicciones y la vulnerabilidad de las personas según sus sentimientos, anhelos y preocupaciones.
La película es una adaptación de la novela homónima del escritor estadounidense Hubert Selby Jr., ya antes adaptado al cine en 1989 por Uli Edel con la película “Última salida, Brooklyn”. En esta ocasión ayuda al director a escribir un guión sólido que ocasionalmente se tambalea de manera permisible.
“Réquiem por un sueño” representa a la innovación con propósitos éticos, con escenas escalofriantes, abruptas y de difícil digestión, no es una lección fácil de tomar; suministra grandes dosis de realidad a una sociedad que lastimeramente se podría sentir ofendida por la evidencia expuesta en escena.
La historia de distintas personalidades involucradas en una monotonía asfixiante o inmersas en sueños desbordantes, la adicción como punto de partida hacia el caos existencial; Darren Aronofsky cuenta su historia con gran acierto y algunos escollos, en ocasiones la película se torna oscilante y sin rumbo, quizá con toques efectistas pero finalmente adquiere un galopante ritmo que no desalienta al espectador.
Con la música de Clint Mansell interpretada ávidamente por Kronos Quartet, ayuda a las imágenes a penetrar en nuestras pupilas, mientras el sonido se inmiscuye no sólo por el oído sino también por la dermis.
La fotografía de Matthew Libatique ayuda al director a crear un estilo que indudablemente se define en cada plano. Por lo demás las imágenes se ayudan de los acertados diálogos proferidos por Ellen Burstyn (lo mejor de la cinta) sin ella no funcionaría la abstracción psicológica del personaje otorgado.
Por su parte Jared Leto y Jennifer Connelly demuestran tener mucho más que una cara bonita al poner en evidencia la delicada línea entre el placer y el dolor, sus actuaciones se encuentran a la altura de los demás componentes de la cinta.
En su momento la película puede indignar al espectador, quizá le deje sin alternativa más que odiarle o amarle, tal vez más allá le perseguirá por algunos días con sus imágenes letales y su mensaje certero, pero finalmente no crea indiferencia.
Lucio Rogelio Avila Moreno
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