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"Estar vivo es tejer una historia desde un principio que no se recuerda,
hasta un final del que nada se sabe".
Con esta inapelable sentencia, Claude Nuridsany y Marie Pérennou
creadores del exitoso documental, "Microcosmos" (1996), nos adentran en
esta ocasión en el origen y posterior evolución de ese misterio insondable
que es la vida.
Valiéndose de una figura que muy bien pudiera representar al brujo de una
tribu africana (buscándose quizá el carácter mágico de la existencia),
Nuridsany y Pérennou exponen mediante un carrusel de impactantes
imágenes, la aparición de las galaxias, el surgimiento del planeta azul o, la
flora y la fauna que ha ido poblando sus inmensas superficies, todo ello de
una manera muy didáctica y, por tanto, muy recomendable para el público
infantil.
Secuencias cautivadoras que van desde el espeluznante almuerzo de lo
que parece un huevo de avestruz por parte de una serpiente, hasta el big
bang o explosión que dio lugar a la formación de las galaxias y que
Nuridsany y Pérennou lo reflejan con un plano que recuerda a otro muy
famoso en la historia del cine: cuando Peter O'Toole enciende un fósforo y
David Lean nos traslada a las arenas del desierto en "Lawrence de Arabia"
(1962).
Embriagador documental cuya bellísima coda nos muestra al griot enfilando
la corriente de un río con una canoa, mientras la cámara se va elevando
poco a poco hasta alcanzar la visión del inmenso mar. En ese momento uno
no puede sino recordar a Jorge Manrique cuando en la famosa "Copla por
la muerte de su padre" escribe: "Nuestras vidas son los ríos que van a dar
a la mar que es el morir."
Alberto Alcázar
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