|
Tercera película, también de factura inglesa, del polaco Roman Polanski.
Rodada en un impecable blanco y negro, nos cuenta una más que extraña
historia de un matrimonio, incomunicado en un pequeño castillo junto al mar,
el cual queda aislado cada día al subir la marea. Una tarde reciben la
inesperada visita de unos delincuentes que andan huyendo, uno de ellos
morirá, y el grupo quedará deducido a un enigmático trío, en base al que
se desarrollará la trama.
El ambiente, absolutamente claustrofóbico, nos retrotrae inevitablemente
al otro triángulo de su primera película “El cuchillo en el agua”. Aquí,
sin embargo, el papel femenino cobrará mayor importancia al tratarse de
una joven (al parecer exprostituta) a la que los hombres no le resultan
precisamente indiferentes (contraste con su anterior trabajo “Repulsión”).
Los personajes masculinos, también completamente diferentes, un brutal
delincuente, frente a un marido débil y apocado, desembocará en una
serie de acontecimientos, totalmente improbables y difícilmente
comprensibles,... si es que Polanski pretendía algún significado.
No obstante, la película, pese a su extraña perspectiva, muestra un
relato subyugante, quizás incluso algo surrealista, con unos personajes
llevados al extremo, pero con un desarrollo cinematográfico perfecto.
El final de cada uno de los protagonistas, sobretodo la escena que
cierra el film, nos da el sentido justo de su título.
Angel Lapresta
Enlaces
Françoise Dorléac
© Aloha Criticón. Todos los derechos reservados.
|