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EL MÉTODO (2005)
Dirección: Marcelo Piñeyro.
Intérpretes: Eduardo Noriega, Natalia Verbeke, Eduard Fernández, Najwa Nimri.

   
Siete aspirantes a un alto puesto directivo se presentan a una entrevista de
trabajo que dirimirá quien de ellos es el elegido. Lo que no saben es que
deberán someterse al método Gronholm, una experiencia que les llevará a
interactuar entre sí y a sacar lo mejor y peor de su ser. |
"El método" es la nueva película del director argentino Marcelo Piñeyro, que
salta las fronteras de su país tras títulos como "Cenizas en el paraíso",
"Plata quemada" o "Kamchatka", para hacer su debut en el cine español.
La
película se basa en la obra teatral "El método Gronholm" de Jordi Galcerán,
de gran éxito en las tablas y que ha sido parcialmente reformada en su
adaptación a la gran pantalla, cambiando el tono de comedia de la obra
original por uno más dramático y aumentando el número de personajes de la
trama.
Lo que se ha mantenido es la idea de crítica feroz al mundo
empresarial, la globalización y la alienación social.
Y es que la película nos narra las diferentes pruebas que deberán pasar los
aspirantes al puesto de trabajo para poder llegar a ser elegidos.
A través
de diferentes arquetipos sociales (el pijo triunfador, el inseguro pelota,
el cínico, la mujer calculadora...) se van desgranando diversas conductas,
cómo cada uno de ellos recurre a sus particulares métodos para salir airoso
y continuar adelante, aunque ello implique perjudicar a otro.
Todo ello
implicará que los participantes, quien más y quien menos, se hallen
constantemente en un juego de "deber ser", en el que lo que más importa es
la apariencia y el quedar por encima del compañero y/o rival.
De cualquier
modo, la verdadera personalidad siempre acabará aflorando, quizá con un
mayor descontrol, sin dejar resquicio a los sentimentalismos.
Hay que reseñar que, como se puede suponer, este es una film donde el
diálogo es acción y la acción diálogo, con un argumento que se desarrolla
casi por completo en un solo escenario.
Sin embargo las diferentes
conversaciones que tienen lugar son lo suficientemente interesantes para
mantener la atención en casi todo momento.
La cinta recoge referencias a
otros films sobre temática laboral como "GlenGary, GlenRoss" o "Smoking
room", así como "Doce hombres sin piedad", a la hora de recoger las
diferentes formas de pensar de un grupo de personas encerradas en una sala.
Resulta encomiable el trabajo de Piñeyro tras la cámara, sabiendo dotar de
ritmo a la trama, manteniendo siempre un aire de suspense que transmite al
público la misma incertidumbre que sufren los personajes.
En lo que respecta al trabajo actoral, clave en este tipo de productos, hay
que resaltar que nos hallamos ante unas ajustadas interpretaciones de su
reparto, trufado de nombres conocidos en el actual cine español.
Puestos a
destacar, yo me quedaría con Eduard Fernández, uno de los mejores
intérpretes del panorama patrio, en su papel de cínico sin escrúpulos.
También merecen resaltarse los trabajos de Pablo Echarri y Ernesto Alterio,
en dos roles ambiguos muy bien resueltos.
En el capítulo de fallos, aparte de algunos momentos de menor interés (como
la secuencia de los baños), hay que mencionar la deficiente manera de hacer
notar los cambios de luz que tienen lugar para expresar el paso del día,
demasiado bruscos y evidentes.
Con todo ello, nos queda una película bastante interesante, que critica
algunas claves de la ley de la selva que es el mundo de las empresas y de lo
que son capaces de hacer las personas para entrar en ese juego, aún a costa
de alienarse y pisotear al prójimo.
David García
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