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EL MERCADER DE VENECIA (2004)
Dirección: Michael Radford.
Intérpretes: Al Pacino, Jeremy Irons, Joseph Fiennes, Lynn Collins.

  
Venecia, 1596. Los judíos se hallan marginados en una sociedad de
mayoría cristiana. Sin embargo, ésta recurrirá con frecuencia a los
servicios que ofrecen, para obtener préstamos caracterizados por la
usura.
Shylock (Al Pacino) es uno de estos prestamistas que cerrará un trato con
Antonio (Jeremy Irons): el judío le prestará tres mil ducados para su
protegido Bassanio (Joseph Fiennes), y en caso de incumplimiento en su
devolución, podrá requerir una libra de carne del propio cuerpo de Antonio. |
Nunca antes (en su contexto histórico) se había adaptado para el cine sonoro esta famosa pieza de William
Shakespeare, a pesar de haber contado el bardo inglés con muchos
admiradores que sí han materializado algunas de sus composiciones, entre ellos Laurence Olivier, quien protagonizó un telefilme sobre la obra con el co-protagonismo de su esposa Joan Plowright.
Orson Welles con "Macbeth" (1948) y "Othello" (1952), o más
recientemente, Kenneth Branagh con "Enrique V" (1989), "Mucho ruido y pocas
nueces" (1993), "Hamlet" (1996) o "Trabajos de amor perdidos" (1999).
El director de origen indio Michael Radford ("El cartero y Pablo Neruda"
(1994)), ha cogido el toro por los cuernos y se ha enfrascado en esta
superproducción con todo el ornato y la pompa que semejante empresa
conlleva.
Para tirar de semejante aparato ha recurrido a la aportación de dos
monstruos sagrados de la escena: Al Pacino y Jeremy Irons. Un dueto que
recuerda, de alguna manera, el que formó Irons con Robert De Niro a
propósito de "La misión" (1986).
En esta ocasión, y una vez más, el inconmensurable trabajo de quien fuera
en otro momento Michael Corleone en la saga mafiosa, desequilibra el
relato shakesperiano respecto del resto de personajes, cuya labor resulta
algo más descafeinada, incluyendo al propio Irons. De tal forma que la
cinta bien podría haberse titulado, "La venganza del judío".
No obstante, Shakespeare es Shakespeare y una cualquiera de sus obras
sigue manteniendo el vigor y la actualidad que hacen que se conviertan en
clásicas.
En "El mercader de Venecia", el autor inglés quiso cargar las tintas en los
valores de la piedad y la justicia y esas enseñanzas, aún con el
transcurso del tiempo, siguen siendo muy válidas para refrescar nuestra
frágil y olvidadiza moral.
Alberto Alcázar
Shakespeare posee un ábanico de obras conocidas por el público en general y
llevadas al cine en múltiples ocasiones, "Romeo y Julieta" quizás sea la más
demandada. En obras como "Macbeth", Shakespeare se desprende de toda su
maestría y da rienda suelta a su genio, en "El Mercader de Venecia", el autor
nos brinda el placer de una gran historia a la que no hacen falta grandes
adornos del lenguaje.
El filme de Radford desmenuza la trama hasta tal punto
que el lector se convierte en espectador deleitándose con escenas plasmadas
a la perfección por Al Pacino. Si bien es verdad que el filme decae en las
partes protagonizadas por las dos actrices principales, éstas son
caracterizadas por el director, al igual que el resto de los personajes, de
forma brillante.
En este film, Radford lleva a la pantalla la impresionante obra de
Shakespeare que transparenta la problemática judía de la época unida con la
personal visión del autor. Me resultaría difícil juzgar esta película sin
haber leído la obra, quizás diría que es lenta, que Porcia y su doncella no
interpretan su papel de forma adecuada o que Jeremy Irons no luce en su
papel de mercader.
Todas las historias están enlazadas desde el inicio hasta el final. Antonio
está enamorado de un enamorado, Shylok aborrece las acciones de otros que
luego el realizará, Jessica maldice la usura de su padre de la que se
apropiará...sus vidas se unen hasta concluir en el momento en el que las dos
jóvenes perturban para luego devolver el curso normal de los
acontecimientos. Ellas son las poseedoras del poder necesario para jugar
con el destino de los que creían detentarlo.
Radford presenta virginalmente la obra del maestro y nos recuerda la idea de
que la venganza es a veces justa y de que la injusticia se convierte en
venganza.
Calabaza
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