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PIERROT EL LOCO (1965)
Dirección: Jean-Luc Godard.
Intérpretes: Jean-Paul Belmondo, Anna Karina, Graziella Galvani, Dirk Sanders.

 
Ferdinand Griffon, “Pierrot” (Jean-Paul Belmondo), intenta abandonar su vida aburrida en París escapando con Marianne Renoir (Anna Karina), una niñera contratada por su mujer (Graziella Galvani) que está siendo perseguida por unos asesinos. |
La línea de Godard, cada película que filma, se va haciendo más
quebrada. Su idea fija de separar la narración literaria de la
cinematográfica, en cierto modo aparece ya como una obsesión.
La investigación sobre una narrativa propia, desprovista de toda
retórica, lo sitúa en una vanguardia extrema, –como si la innovación
fuera lo imprescindible–, en la que unas veces acierta en lo que serán
futuras pautas del lenguaje, y otras desvaría fuera de campo,
destrozando lo que sus admirados clásicos (vanguardistas en su época)
tanto esfuerzo habían empleado en consolidar.
Por fortuna el tiempo pone cada uno en su sitio, y una gran parte de los
experimentos godardianos, –incluido el propio director– han quedado
fuera la línea habitual del cine, eso si, permaneciendo en el mundo de
los irrenunciables mitos de aquellos atrevidos, necesarios y
revolucionarios años sesenta.
En “Pierrot el loco”, adapta una pequeña novela, con el único fin de
demostrar la total diferencia e independencia de ambos lenguajes. Y
realmente lo consigue. Trabajando sin guión, con su escuela anárquica en
la realización, y con un argumento carente de interés, Godard logra la
antítesis de la comunicación de sentimientos, de la expresión de ideas o
al menos, del mero entretenimiento.
Apoyado en una estética descaradamente tomada de la pintura pop, logra
un film visualmente correcto, aunque no le importe que sea
intelectualmente vacío o incomprensible.
El cine de Godard, visto con una cierta perspectiva, a partir de la
locura de su Pierrot, se va a convertir en una serie de experimentos,
entretenidos para su realizador y alucinantes para sus incondicionales.
Para el cine como arte, ya poco más, el enfant terrible había dicho todo
lo que tenía que decir, y las repeticiones, cansan.
Angel Lapresta
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