
PERSONA (1966)
Dirección: Ingmar Bergman.
Intérpretes: Bibi Andersson, Liv Ullmann, Margaretha Krook, Gunnar Björnstrand.

    
La actriz Elisabeth Vogler (Liv Ullmann) se encuentra en un hospital después de perder la voz mientras estaba interpretando en el teatro “Electra”. A su cuidado se encuentra una enfermera llamada Alma (Bibi Andersson), con quien Elisabeth, a quien los doctores no encuentran causa alguna de su silencio, comienza una estrecha relación.
“Y en el principio, era el caos”. En esta forma de tintes bíblicos, nos es presentado un collage de imágenes captadas por una cámara de cine, no hay coherencia ni unidad, son fragmentos de ilusión, por igual son captadas de la realidad que absurdos dibujillos animados. Es cine. Un niño acostado se incorpora y nos mira de frente. Pero no nos ve a nosotros sino a la imagen borrosa del rostro de 2 mujeres a las cuales acaricia.
De esta forma arranca la que es muy posiblemente la cumbre de la extensa obra del maestro Bergman, “Persona”. Lo que sigue, a partir de ahí, es la exploración y simbiosis de las 2 personalidades de una misma mujer, interpretadas magistralmente por las dos musas del cineasta: Bibi Anderson y Liv Ullman, esta última, en opinión de quien esto escribe, no por limitarse su trabajo a los filmes de Bergman debe dejar de ser reconocida como auténtica diosas del histrionismo.
“Persona” es más que una auténtica obra maestra. Es además uno de los filmes más bellos, inquietantes, personales y fascinantes del séptimo arte. Llegó en una década en que las grandes figuras del cine de autor se decantaron en proyectos muy personales con el arte como eje común: “Ocho y medio” de Fellini, “Andrei Rublev” de Tarkovski son los mejores ejemplos.
Asimismo, resulta interesante que en esos años donde otros filmes memorables como “Grupo salvaje” (Peckinpah), “El bueno, el feo y el malo” / “Hasta que llegó su hora” (Leone), “Lawrence de Arabia” (Lean) y “Espartaco” (Kubrick) fueron filmados en pantalla ancha espectacular, a todo color y en espacios abiertos, Bergman dé una catedra total con un filme de cámara rodado a proporción 1.33:1, en espacios cerrados y en blanco y negro. |  |
Pero QUÉ BLANCO Y NEGRO!!! En “Persona” la luz y la sombra del encuadre nunca son mero adorno y pasan de recurso dramático a formar parte del drama en si mismo, trazando en la imagen la psicología de ambas mujeres.
A mitad del filme, el encuadre se torna borroso y se desenfoca. Bergman nos recuerda que lo que estamos viendo, este tormentoso duelo interior entre una actriz que no habla y una enfermera que habla de más, es una ilusión. No es real. Es cine. No es tan diferente de todas las imágenes presentadas al inicio. El cine es una mentira, si, pero que busca la verdad.
En “Persona”, pareciera que no es Bergman quien nos habla, cino el cine mismo cuestionándose su existencia, naturaleza y razón de ser. Y al mismo tiempo, nos recuerda porqué es que estamos sentados frente a la pantalla, dejándonos extasiados.
Sergio R. Bárcenas Huidobro
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