Quizás estemos ante la última película de Fellini de las que podríamos calificar como crítica social, herederas de magistral neorrealismo.
Con “Las noches de Cabiria” el director italiano concluye una etapa en la que lo importante son los personajes. Personajes marginados, humanos y sencillos. A partir de aquí, el protagonista pasará a ser el cine, las hipótesis o la innovación.
El film –sustentado de nuevo en una impresionante Giulietta Masina, menuda, dulce y encantadora– nos muestra la inocencia de una prostituta barata, católica, ingenua y romántica.
Nos habla de sus fracasos, de los abusos de quienes confía sin malicia. Una y otra vez será despreciada, agredida, engañada o robada, y a pesar de esto, será capaz de la superación, del perdón y de la esperanza en la vida,… al fin y al cabo solo le han robado cosas materiales. Su inmensa humanidad sigue intacta, dispuesta a olvidar y a seguir soñando en una vida digna, en una persona honesta, incluso en un dios justo.
Obra magistral que trasmite una serie de sentimientos y actitudes, que, por poco frecuentes, aparecen como utópicos.
Aunque criticada por los menos idealistas como melodramática y sentimental, nos quedaremos para siempre con Cabiria.
Angel Lapresta