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Con el título de una de sus canciones más emblemáticas grabadas en la Sun Records de Sam Philips, “I walk the line”, este personaje de profunda voz y vestimenta negruzca, una leyenda del country y ocasional actor (le daba réplica a Kirk Douglas en el western de Lamont Johnson “El gran duelo”) es reverenciado en esta película biográfica dirigida por James Mangold, quien auna el clásico recorrido vital y profesional del músico con el drama romántico, ubicándose esencialmente en la ligazón entre Cash y June Carter, miembro de la famosa familia Carter. Todos ellos importantes personajes dentro de la música country.
La película no depara nada fuera de lo normal y es poco incisiva en la carrera musical de Johnny Cash y la significación de su importante figura en el mundo del country y el rock’n’roll, a pesar de salpicar la historia con nombres esenciales como Elvis, Roy Orbison, Jerry Lee Lewis o Waylor Jennings. También Sam Philips, claro.
El conjunto carece de inventiva en su puesta en escena y particularidad en el desarrollo de la vida del biografiado. Su trayecto convencional de partida, subidas y bajadas, apuntes sobre adicciones o vínculos amorosos, resulta anécdotico cuando no apático, en especial en su progreso como músico, centrando la trama en la redención personal de Cash y en aspectos genéricos en torno a la pareja, poco o nada interesantes a pesar del esfuerzo de sus intérpretes en captar sus interesantes personalidades (y sus voces).
Lo más destacado del film es el trabajo de Reese Witherspoon y los sonidos del “hombre de negro”, ya que además de “Walk the line” se pueden escuchar temas como “Folsom Prison Blues” o “Ring of fire”. En la cuerda floja. Floja, bastante floja.
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