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"Los tres entierros de Melquíades Estrada" es la segunda película como
realizador del actor Tommy Lee Jones, un intérprete de gesto pétreo y mirada
dura, que cuenta con más de 30 años de carrera a sus espaldas. Sin embargo,
sus momentos de mayor fama se han dado en la década de los 90, con su
participación en films como "JFK", "El fugitivo" o "Men in black". Jones
debutó en la dirección hace unos años con el telefilme "Viejos muchachos",
que ya incidía en la temática del western, como en la película que nos
ocupa.
Para la ocasión ha contado con la ayuda del guionista mexicano Guillermo
Arriaga ("Amores perros", "21 Gramos"), con la intención de narrar la
historia de una amistad entre el excéntrico y taciturno Perkins y el afable
Melquíades, así como de los efectos que esta provocará. Perkins hará lo
necesario para cumplir la promesa que un día hizo a Melquíades, de darle
entierro en su tierra natal si moría antes que él. El honor y la justicia no
serán cosa baladí para un hombre como Perkins, que no dudará en raptar al
oficial que mató a Melquíades y llevárselo con él a su periplo redentor.
Como concepto de western, Jones hunde sus raíces creativas en base a
directores como Sam Peckinpah o John Huston, mostrando una historia
crepuscular, a la que no le falta bizarrismo y humor negro, con una serie de
personajes que hacen lo que tienen que hacer por ridículo que pueda ser.
Como no podía ser de otro modo, el viaje será motivo para el crecimiento de
los personajes, que ya no serán los mismos al final del camino.
Con todo ello, es una lástima que el afán de Arriaga por dejar su sello
autoral perjudique parte de la historia. La narración dislocada, que ya
había practicado en sus anteriores guiones, aquí resulta algo desafortunada.
Si en los films de Iñárritu tenía su punto, aquí más que atraer, distrae.
Esta es una historia que pedía linealidad en todo momento y al no tenerla en
el primer tramo de la cinta, hace que cueste un poco meterse en el meollo de
la historia. Una vez que se inicia el viaje a México, es cuando el film da
un salto hacia delante y la trama despega.
En lo que respecta a los actores, destaquemos al propio Jones y a Barry
Pepper, que mantienen una curiosa relación durante la película, no exenta de
algo de paternalismo por parte de Jones. Ambos bordan sus personajes, que
tendrán tiempo de conocerse durante el trayecto, para deducir que no son tan
distintos como parece.
En definitiva, un curioso western, dirigido con brío por Jones, tan bien
fotografiado como musicado (con una banda sonora que recuerda lejanamente a
Morricone), que pese a sus momentos socarrones, no renuncia a la carga
dramática. Una película notable. David García
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Tommy Lee Jones
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