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Tres vidas, tres destinos y una sola verdad incontestable: no matarás.
Esta es la fórmula propuesta y desarrollada de una manera magistral por
un Krzysztof Kieslowsky en estado de gracia.
En la línea emocional de la también soberbia, "No amarás" (1988),
precursoras ambas de la serie para televisión "El Decálogo", Kieslowsky
logra lo que muy pocos artistas han conseguido. A saber: plasmar en su
obra algo tan invisible como puede ser el alma.
Partiendo de un excelso guión en el que ni falta, ni sobra un fotograma
(utilizando la elipsis cuando debe hacerse), Kieslowsky, dotado de un
talento narrativo innegable, desmenuza las personalidades de los tres
protagonistas con mínimos apuntes, dando por supuesto la inteligencia de
quien se sienta frente a la pantalla (cosa que siempre es de agradecer).
Pero en este tratado sobre la voluntariedad de acabar con la vida ajena, no
sólo se denuncia el crimen punible, sino que se mete el dedo en esa llaga
aún existente que es la pena capital. Para los dos casos, nada mejor que la
dilación del tempo en los momentos en los que por uno u otro motivo, se
decide eliminar al prójimo.
Capítulo aparte merece la agudeza del director polaco en plantear la
casualidad o la aleatoriedad de los comportamientos para determinar el
fátum de los personajes (una constante en su carrera). El taxista que
desecha egoístamente a ciertos clientes que podían haberle desviado del
inevitable camino que le esperaba, o bien, la decisión del chico por
escoger una parada de taxis en particular.
En este sentido cabe preguntarse, ¿y si Jacek se hubiera topado con
Capra en lugar de encontrar a Hare y su tediosa "Wetherby" (1985), esa
película no recomendada sabiamente por la presumida taquillera?
Alberto Alcázar
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