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THE HIDDEN BLADE (2004)
Dirección: Yôji Yamada.
Intérpretes: Masatoshi Nagase, Takako Matsu, Hidetaka Yoshioka, Yukiyoshi Ozawa.

   
Munezo Katagiri (Masatoshi Nagase) y Samon Shimada (Hidetaka Yoshioka)
acuden a la despedida de Yaichiro Hazama (Yukiyoshi Ozawa), un samurai
que es destinado al enclave estratégico de Edo.
Al cabo de unos años, y por causa de una fallida conspiración contra el
Shogun, Hazama retorna en calidad de prisionero, reencontrándose con
sus antiguos compañeros en un contexto muy distinto.
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Sigue sin defraudar Yoji Yamada en esta su segunda película de samurais
en la que adapta de nuevo una serie de relatos sobre los guerreros
japoneses, escritos por Shuhei Fujisawa y reunidos bajo el título de "La
espada oculta".
Con la misma plantilla de técnicos que desarrolló su labor bajo sus órdenes
en "El ocaso del samurai" (2002), Yamada introduce variaciones en el
elenco que forja la historia que el director nacido en Osaka nos propone.
Para los papeles protagonistas, Yamada escoge a Masatoshi Nagase y
Takako Matsu, que en sus recreaciones de Katagiri y Kie, respectivamente,
están sencillamente soberbios y contenidos.
Sin embargo, no hay que desdeñar al resto del reparto que está igualmente
sublime, repitiendo interpretación respecto al anterior trabajo Min Tanaka y
Nenji Kobayashi.
A manera de cuña humorística y a la vez de muestra de punto de inflexión
del final de una época y el principio de otra en el arte de guerrear, Yamada
incluye el momento histórico de la introducción de las armas de fuego en el
seno del ejército japonés. Algo parecido a lo que reflejó Ermanno Olmi
en "El oficio de las armas".
Por otro lado, la relación sentimental entre Kie y Katagiri, extraída del
relato de Fujisawa titulado "El brillo de la nieve" (Auki Akari), rezuma la
misma pureza que ya se puso de manifiesto al tratar el mismo asunto en "El
ocaso del samurai".
Por si alguien todavía duda en presenciar estos estertores de toda una
doctrina oriental, decir que "The Hidden Blade" cuenta con una de las
secuencias más originales que se hayan rodado empleando un estilete.
Aunar valores como la honradez, la justicia y la generosidad en un
trasfondo de cambios sociales crea, sin lugar a dudas, un atractivo paisaje
impregnado de tintes épicos y románticos.
Una apuesta muy brillante de Yamada que, en algo, nos recuerda al mejor
Clint Eastwood de la ya clásica "Sin perdón" (1992).
Alberto Alcázar
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