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EL LADRÓN DE BAGDAD (1940)
Dirección: Ludwig Berger, Michael Powell y Tim Whelan.
Intérpretes: Sabu, Conrad Veidt, June Duprez, Rex Ingram.

    
El rey Ahmad (John Austin), que gobierna en Bagdad, es engañado y
encarcelado por su visir, Jaffar (Conrad Veidt).
Durante su encierro, Ahmad conocerá a Abu (Sabu), un ladronzuelo que le
ayudará a escapar a Basora, en donde el joven rey quedará prendado de
la belleza de la hija del sultán.
Pero a Ahmad le saldrá un duro competidor, Jaffar, que se ha hecho con
las riendas del poder en Bagdad y pretende conquistar a la princesa de
Basora (June Duprez). |
¡Qué decir de una de las cimas del cine de aventuras de todos los tiempos!
(Sin desmerecer al ilustre precedente de 1924, cuya dirección la asume
Raoul Walsh; y no echando de menos otros remakes posteriores).
Se podrá argumentar por los perfeccionistas y sublimes que los efectos
especiales cantan una barbaridad, ¡bendita imperfección!; se podrá decir
por los tristes y apagados que el colorido es excesivo y chillón, ¡alabado
cromatismo!; en definitiva, los acérrimos seguidores de la "verosimilitud"
alegarán que es una historia que no hay por dónde cogerla, pues qué
gloriosa hora y media larga de evasión y alejamiento de la cruda realidad. |  |
Ahora ya que el píxel se ha apoltronado en la pantalla, hay que reivindicar
más que nunca el duro trabajo de decorados que, por ejemplo, se llevó a
cabo en "El ladrón de Bagdad".
Estamos ante un filme en el que brilla todo el equipo técnico y artístico,
empezando por el triunvirato de directores: Ludwig Berger, Michael Powell
y Tim Whelan; pasando por la familia Korda al completo en labores de
producción, contando con Cameron Menzies; y, finalmente, incluyendo a un
elenco muy curtido en el cine de aventuras.
 | Conrad Veidt ya había trabajado en una versión muda de "La vuelta al
mundo en 80 días" (1919) y la "La tumba india" (1921); June Duprez había
intervenido el año anterior en "Las cuatro plumas"; y el espléndido Sabú
(posteriormente un convincente Mowgli) había debutado con Zoltan Korda
en "Sabú-Toomay, el de los elefantes" (1937).
Caso aparte es la persona del guionista y, en esta ocasión, Sultán de
Basora, Milles Malleson, cuyo desempeño tanto en la narración, como en la
interpretación, no han tenido el reconocimiento que se merece. |
Hay que volver, irremediablemente, a esta joya cinematográfica y
deleitarse con caballos que corren en el cielo, alfombras voladoras y
genios encerrados en botellas.
Alberto Alcázar
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Sabu
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