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“United 93” y Paul Greengrass. Dos nombres que siempre serán seran
recordados juntos, al nombrar uno de ellos automaticamente deberá aparecer
el otro. La reconstrucción de lo acontecido en ese maldito vuelo comercial
por este interesante realizador inglés es tan impactante y escalofriante,
que resuelve la dificil papeleta de rodar "algo" que haga honor a las
victimas que ese dia perecieron en el mayor ataque terrorista perpetrado
contra ningun país.
Es cine sencillo y que va directo al grano, pero tambien meticuloso, rico
en detalles y matices que ayudan a captar la escalofiante realidad de aquel
día.
Es magistral porque a pesar de que todo el mundo sabe ya lo que va a ver,
a pesar de que conoces el final de tan terribles sucesos, Greengrass
consigue con sus imagenes hacer que te traslades una vez mas a ese dia, y
revivas las mismas-amargas sensaciones que ya habias experimentado pero esta
vez multiplicadas porque observas todo en riguroso directo. |  |
Logra que el espectador se lleve de nuevo las manos a la boca al ver unas
imagenes que ya hemos visto mil y una veces, y logra que te emociones con la
agonia de los pasageros. Y es que Greengrass no solo consigue reflejar los
hechos tal y como debieron ocurrir, sino que ademas consigue plasmarlos tal
y como deben ser recordados.
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Es cine que te mueve el corazon, que te encoge el estomago y que colapsa
tu cerebro, que perece, impotente, porque ve pasar ante sus ojos los
acontecimientos mas subrrealistas en la historia del siglo XX. Porque
observa la incompetencia y la falta de coordinación de las autoridades
norteamericanas, en unas escenas tremendamente eficaces, que reflejan a la
prefeccion la incomprension y la total impotencia de las personas que
intentaron sin remedio solucionar una situaciÓn a la que nunca se habían
enfrentado. |
Es, en definitiva, no sólo un documento muy interesante de lo sucedido
sino tambien cine en estado puro, cine vivo, que te coge, que te atrapa y
que provoca en uno sensaciones auténticas y brutales que te harán remover
en la butaca. ¡¡¡Lo pasarás mal, lo pasarás bien !!!
Pablo Gonzalez Taboas
Homenaje a aquellas personas anónimas que perdieron la vida en Pennsylvania.
Estamos ante el primer largometraje basado en la masacre neoyorkina y al que
le seguirá próximo en fecha de estreno "World Trade Center" de Oliver Stone;
ambos desencadenantes de un estudio sociológico en Estados Unidos, bajo el
lema de si está o no preparada la población, para cinco años después,
enfrentarse a la tragedia en una pantalla de cine.
Con partidarios y detractores de su estreno y sobre todo de la proyección
del trailer (alegando que ver una película es decisión personal, no así que
te impongan el visionado de un trailer); lo cierto es que estamos sin duda
alguna ante el mejor trabajo de Paul Greengrass.
Especialista en el género, Greengrass cuenta dentro de su filmografía con
películas como "Bloody Sunday" (2003) - Irlanda del Norte del 72, varios
manifestantes mueren y otros tantos resultan heridos por el ejército
británico cuando se manifestaban contra el decreto que autorizaba los
internamientos preventivos-; y "Omagh" (2005) en su faceta como guionista
y productor - atentado del IRA en contra de la votación del Acuerdo de Paz
de Viernes Santo-; con las que este "United 93" comparte varias similitudes.
Rodada cámara en mano, cual si fuera un documental dotado de un realismo
extremo, "United 93" nos da una visión hasta ahora desconocida de los
atentados; y es realmente escalofriante ser espectador y comprobar lo que
ocurrió en los diferentes aeropuertos cuando el caos comenzó a adueñarse, ya
no sólo del espacio aéreo, si no de los corazones de aquellos que sin
entender qué estaba ocurriendo, se estaban convirtiendo en protagonistas de
una tragedia inconmensurable.
Otro aspecto notorio de la cinta que nos ocupa es el hecho de que el
director no ha contado con caras conocidas para ninguno de los papeles; lo
cual contribuye notablemente al realismo de la misma, anonimizando al máximo
las posibilidades de reconocimientos individuales en pro de la
interpretación colectiva.
Asimismo cabe destacar que muchos de los papeles están interpretados por
familiares y amigos de las víctimas que originalmente iban en el avión; lo
cual es todavía mas impresionante si cabe. A poco que el espectador sea
mínimanente sagaz, reconocerá la emoción real que traspasa la pantalla y
hace que, sin efectos de maquillaje, se vean ojos húmedos y ojeras
brillantes, incluso en momentos previos al desastre, cuando aún no se
vaticinaba la tragedia.
La película en el límite difuso entre documental y largometraje, está rodada
bajo el equilibrio perfecto de la información, la narración de los hechos y
la mezcla de miedo, rabia, indefensión y asco de aquellos que conformaron la
historia.
Una vez escuché al que fuera un gran crítico de cine vendido hoy en día al
servilismo de zafios espectáculos nocturnos, que una de las cosas
maravillosas de los infinitos visionados de la película "Casablanca"
radicaba en que por mucho que la vieras, siempre tenías la esperanza de que
bajo la neblina que envuelve a los protagonistas en la escena final; Ilsa y
Rick partirían juntos.
En "United 93" se produce una gran analogía, ya que, a pesar de que el patio
de butacas conoce sobradamente el trágico final, por unos segundos, cuando
la acción está a punto de finalizar, se podía notar el aliento congelado y
esperanzador que en forma de suspiro contenido presagiaba un buen final a
esa trágica historia.
Un duro golpe el que supone esta película, un silencio sordo que inunda a
los espectadores y deja sin aliento al personal, que sale del cine
tambaleándose y un poco menos fuerte lo que entró en la sala. Enhorabuena
Paul Greengrass.
Cristina Gómez
El once de septiembre de 2.001, el peor temor de los habitantes de este país, plasmado incesantemente en su cine: el estar en verdadero peligro, se hacía realidad. Ese día la invulnerabilidad que se le presuponía a los USA quedaba en entredicho.
Llegado el momento oportuno, los cineastas americanos se ponen al frente de diversos proyectos, que giran en torno a tres principios básicos: el homenaje a las víctimas, la ausencia de todo tipo de elementos que puedan resultar polémicos para su nación, y dejar de manifiesto que los Estados Unidos no estaban preparados para un suceso de tal magnitud.
Intentamos encontrar estos aspectos fundamentales en la historia de Greengrass, un director de películas de género social, entre las que destaca Domingo Sangriento.
Como todos sabemos, United 93 es el nombre de uno de los cuatro aviones de pasajeros que fueron secuestrados en pleno vuelo para ser lanzados contra objetivos políticos y económicos americanos, en un ataque terrorista coordinado sin precedentes, y el único que no consiguió su propósito. La película que lleva este título no se limita a narrar la trágica aventura de los pasajeros de este vuelo, sino que se convierte en una creación mucho más ambiciosa, que ofrece una amplia visión de la totalidad de hechos que se registraban ese día. Sus mayores aciertos son el realismo y la rigurosidad. Estamos hablando de un trabajo serio y documentado, basado en los testimonios de los familiares de las víctimas y en los registros de sus llamadas telefónicas, supervisado por los responsables de los centros de control aéreo, y que cuenta con el asesoramiento de miembros de la Comisión del 11S. Los verdaderos protagonistas de United 93 son los Hechos. No hay actores conocidos, no se profundiza en ningún personaje, no hay guiones, y se impone la improvisación. Se contrata a pilotos y a tripulación profesional, así como también a verdaderos controladores aéreos que se interpretan a ellos mismos. Se rueda cámara en mano, se abusa de los focos automáticos, se recurre a los planos cortos y a una excelente fotografía para crear secuencias vertiginosas, impensables e impredecibles, como lo son las vivencias narrados. Por encima de todo, prevalece el respeto a las víctimas, y sorprende el trato de “humanos” que se da a los secuestradores; aspecto que ya recreara el maestro Spielberg en su genial Múnich.
La famosa y temida polémica es superada por Greengrass de manera notable. Cierto es que el trailer de esta película fue criticado por insertarse en las salas neoyorquinas sin previo aviso, pero cierto es también que la película no sólo no se aparta ni un milímetro de la versión oficial proporcionada por el gobierno americano, sino que se convierte en un instrumento propagandístico de su Administración. Recordemos a la pasajera alemana que simboliza las teorías pacifistas de la vieja Europa que, según los norteamericanos, se entrega sin luchar. Tengamos en cuenta que los acontecimientos vividos dentro del avión (y que, realmente, se desconocen) se resumen en el enfrentamiento que tiene lugar entre fanáticos religiosos suicidas contra inocentes escogidos al azar, para explicar “la lucha actual por la supervivencia de nuestro mundo”, según las palabras del director; quien añade que el 11S “nos obligó a ver cómo es el mundo y a tomar decisiones muy duras”, justificando la respuesta americana. Una postura con la que sabemos que discrepa Spielberg, quien, en Múnich, advierte sobre las medidas adoptadas por los diversos Estados contra el terrorismo.
Por último, se expresa con una claridad meridiana que el United 93 pierde el control y se estrella media hora antes de que el ejército dé las órdenes de disparar sobre los aviones secuestrados. De igual manera, se constata que asistimos al comienzo de una guerra. En este sentido, también Stone, en su visión de la masacre del Trade Center, contempla la denominada Zona Cero como un escenario bélico tras los ataques aéreos, como esa contienda internacional que nunca se libró dentro de las fronteras estadounidenses.
Puestas las cosas así, la polémica se traslada a los espectadores que tenemos la inocente manía de cuestionar todo en esta vida. ¿Al hablar de “mundo”, la sociedad americana es capaz de ver más allá de Washington? ¿Entre la población civil árabe no hay inocentes escogidos al azar? ¿Existen muertos de segunda categoría? ¿La vida de una ejecutiva del Bajo Manhattan vale más que la de cualquier mujer afgana?.
Los muertos duelen –por igual- en todos los rincones de este planeta. También en esa “república”, que no se sabe bien dónde está, y que se llama España; en la que se entiende que el terrorismo no se combate ni se fomenta con terrorismo. Una conclusión para la que los Estados Unidos de América tampoco parecen estar preparados. Marta Soria
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