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Corrupcion en Miami (2006) de Michael Mann
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CORRUPCIÓN EN MIAMI (2006)

Dirección: Michael Mann.
Intérpretes: Colin Farrell, Jamie Foxx, Gong Li, Luis Tosar.

Basada en la serie de televisión de los 80 del mismo nombre creada por Anthony Yerkovich. Michael Mann llegó a ocupar tareas en la teleserie como productor ejecutivo.

Ricardo Tubbs (Jamie Foxx) y Sonny Crockett (Colin Farrell) son dos detectives de Miami que intentarán atrapar a un poderoso traficante de drogas llamado Arcángel de Jesús Montoya (Luis Tosar), responsable de diferentes crímenes que se están cometiendo en la ciudad de Florida.

¡Qué trajes color pastel lucían! ¡Qué camisetas y gafas de sol! ¡Qué cochazos! ¡Qué buenos dientes tenía el caimán del yate de Sonny Crockett!...A mediados de los 80 nada había más hortera-sofisticado que “Corrupción en Miami”, la teleserie (con el tradicional emparejamiento “buddy movie” de pareja dispar) que concedió fama internacional a Don Johnson y Philip Michael Thomas y mucho dinero a su creador Anthony Yerkovich.

Uno de los productores de aquella emision fue Michael Mann, director nada bisoño en la intriga criminal ya que desde su añeja época de “Ladrón” con James Caan ha filmado una buena retahíla de thrillers, entre ellos “Hunter”, “Heat” o el reciente “Collateral”.
Ahora se retrotrae a sus años mozos y recupera para el cine a los personajes de Sonny Crocket y Ricardo Tubbs demostrando que este buen hombre todo lo que afronta en la gran pantalla tiene que hacerlo con una gravedad y trascendencia absoluta aunque el material manejado, como es este caso, no sea ni grave ni trascendente.

El empleo de tales tonos en una historia tan sumamente vulgar provoca que se termine desbaratando hasta su esteticismo más característico.

Lo más interesante de Mann, cuando no se pierde en manierismos y subrayados, es la penetración psicológica a la que suele someter a sus personajes principales.

En esta ocasión esa penetración no existe y la trama, en especial en sus primeros actos, pierde eficacia a causa de un exceso de palabrería farfullada, de la nula conexión emocional entre la pareja protagonista que repite tics de interpretaciones previas, y de un trémulo trabajo de cámara realmente enojoso y propio más de un inmaduro estudiante de una mala academia de cine que de un veterano que tendría que olvidarse ya de florituras temblorosas que no aportan nada de nada a la narración y que más que crear atmósfera termina ahogando todo el conjunto en engañifas visuales vendidas como presunto estilo megacoolguay.

Tampoco significa Mann como debiera el contexto físico del lugar y la película tanto podría llamarse “Miami Vice” como “Villacabras Vice”, siendo sus componendas de sexo, drogas, armas y demás parafernalia criminal tan lujosas como soporíferas, sin tensión, conflictos morales ni un mínimo sentido paródico que eleve a la película de su rutinaria historia con guión de producción televisiva y animosa música con canciones de Mogwai y Audioslave.

Enlaces

Michael Mann
Colin Farrell
Jamie Foxx
Gong Li



Cierto que la formula clásica del cine de acción hollywoodiense (héroes musculados, chicas neumáticas y explosiones por doquier) es rentable. Vale que los productores verán recompensada su inversión con la primera semana de estreno y el jugoso mercado del DVD.
De acuerdo que una película de acción no debe plantear dilemas vitales especialmente sesudos... pero tampoco es cuestión de hacer un videoclip de dos horas de duración ¿no?

Miami Vice defrauda por partida doble. A los pobres y nostálgicos espectadores que esperen contemplar algo similar a lo visto en la famosa serie de los 80, y cualquier alma cándida que esperase entretenimiento y rentabilizar el precio de una entrada.

El guión es simple y plano a más no poder, repleto de clichés sobre el genero y tópico hasta decir basta. Poco se puede añadir sobre la "trama" sin desglosarla por completo: narcos sudamericanos, pareja de polis con aires de superioridad y relaciones emocionales nada emocionantes.
En ningún momento nos sentimos implicados con la pareja protagonista, y la verdad es que los personajes secundarios no son en absoluto destacables (quizás Gong Li se salve un poco de la quema).

La película tiene tan poco fuste que no quedará más remedio que acudir a otros términos para amortizar nuestra entrada. Podemos admirarnos de los grandes coches que pueblan la pantalla (¿ser poli da para un Ferrari?), escuchar una BSO disfrutable para los rockeros de nueva generación (con Audioslave y Linkin Park entre otros), y... bueno, por desgracia poco más.

Si hablamos de una película enmarcada en el genero de "acción", es necesario analizar estas escenas, que ciertamente, tampoco me acaban de convencer. La calidad con que están rodadas es innegable, pero aún contando con una gran cantidad de medios, el espectáculo visual no está siempre garantizado.
La incompresible manía de realizar planos de 1 segundo resta muchos enteros a las secuencias de acción, compuestas casi en su totalidad de tiroteos que empiezan por impresionar para desembocar en cierto dolor de cabeza.
Realmente resulta muy molesta la incapacidad de muchos directores para conseguir escenas, proporcionando en su lugar cientos de planos que acaban por inducir reacciones epilépticas en el pobre espectador.

Resumiendo, una autentica pena lo del señor Michael Mann, que había gestado productos interesantes como "Heat" o "Collateral", y que ahora nos brinda un producto vacio y que desaprovecha totalmente su interesante precedente televisivo.

David Sabater


Larga es ya la tradición iniciada durante la segunda mitad de los 90 de adaptar a la gran pantalla viejas glorias seriadas de la televisión.
No son pocas las que dieron el salto al cine, sea tirando por el suelo enormes expectativas o poniendo de manifiesto lo innecesario de su adaptación, sea para acabar con el encanto de la serie original o para darle una nueva dimensión, sea para lograr una conseguida mejora de las virtudes de aquella o pregonar a los cuatro vientos la crisis creativa de los guionistas de Hollywood.

La lista de películas nacidas a partir de antiguas (o no tan antiguas, se presumen próximas adaptaciones de Los Simpsons y 24) series de televisión es ya larga y bastante familiar: El fugitivo, Los Vengadores, El Santo, Los Ángeles de Charlie, Mission Impossible, Starsky y Hutch, Los Intocables de Elliot Ness, Star Trek, Perdidos en el espacio, Expediente X... Larga enumeración de atrevimientos en el cine que, bien analizada, supone un balance más negativo que positivo.

Por tanto, muchas de ellas encomiendan su éxito a la fidelidad de sus fans o seguidores de lo que fuera su serie. No es el caso de Miami Vice y de Michael Mann.
Poco tiene que ver Corrupción en Miami con aquella serie de tonos pastelones, playas, chicas siliconadas y tramas sencillas y previsibles. Es inevitable pensar en aquella Corrupción en Miami sin cierta complicidad, sin reírnos amablemente de tópicas miniaventuras de 60 minutos en las que la pareja de moda, Don Johnson y Philip Michael Thomas patrullaban con su flamante coche las peligrosas y corruptas calles de Miami.
Aquella fue una leyenda de la televisión que entre 1984 y 1989 forjó un considerable ejército de seguidores que hoy nostálgicos asistirán a la revisión que, uno de los propios responsables de la serie, Michael Mann ha hecho a su medida y aparcando por completo cualquier parecido con la original.
Esto no significa malo, ni decepcionante. Significa diferente, y por fortuna. Resultaría poco menos que irrisorio, además de un suicidio cinematográfico, que Mann hubiera decidido ser fiel y respetuoso con la estética ochentera para desempeñar su particular versión en nuestros días.
Por tanto, los alicientes de la nueva Corrupción en Miami son otros bien distintos: comprobar que Mann sigue en plena coherencia con su estilo sobrio, desnudo, esa manera sucia de grabar cine (efectiva e inteligente al tiempo) ahora adaptada a una historia que no se apega demasiado a su arquetipo de cine. También descubrir si esta pareja protagonista, Farrell-Foxx, desprende la misma química que aquella de Johnson-Thomas o si el ritmo calmado pero intenso de su autor es capaz de funcionar con una película a la que se le presumen buenas dosis de acción. Al final, se trata de someter a examen a un Mann capaz en su día de parir una de las mejores películas de acción de los 90, Heat, sorprender con las interesantes Alí y Collateral, y maravillar con The Insider (El Dilema), una sobresaliente introspección social y mejor homenaje al buen periodismo de investigación. Un listón demasiado alto que superar.

Corrupción en Miami consigue centrar la atención del espectador de inmediato mediante una muy atractiva escena en la que se nos presenta a los dos sabuesos en el interior de una discoteca de Miami siguiendo uno de sus rastros.
Inevitable recordar y establecer paralelismo con la magnífica escena de Collateral en la que Cruise y el mismo Foxx provocan el caos en una discoteca de Los Ángeles.
El tramo presentación atrapa con interés a los espectadores justo hasta que los mete de lleno en la trama del narcotráfico que significará el eje único de la película. El problema llegado ese punto es, que el estilo Mann de cámara en mano, desenfoques y ángulos poco recomendables comienza a erosionar, probablemente por abuso, una historia que en sí no presenta ningún interés. Así como Heat o Collateral mostraban tramas impactantes, inmensamente atractivas, la de Corrupción en Miami nos suena a 'ya visto'.
Queda por lo tanto patente que Mann debería hacer énfasis en el dramatismo, una posibilidad que bien conoce y sabe desarrollar, pero que resulta fallida con escenas repetitivas de negociaciones tensas con narcotraficantes y aún resulta más desaborida cuando llega la hora de poner en escena el romance entre Sonny (Colin Farrell) e Isabella (Gong Li) la peligrosa amante del rey del narcotráfico, Arcángel de Jesús Montoya (Luis Tosar). El tiempo que Mann dedica a mostrar la aventura amorosa entre ambos es el adecuado, pero en cualquier caso está mal aprovechado: en ocasiones bien podría parecerse a un videoclip de salsa para en otras mostrar un diálogo aburrido, insulso e incapaz de transmitir ni una sola sensación.
La flacidez de la escena se asemeja a la de otras tantas que hacen de Corrupción en Miami una película altamente irregular y, sobre todo, poco interesante.
No sería justo, sin embargo, negarle los méritos de los que hace gala, con un intenso epílogo en el que la esperada acción reaparece con un estupendo tiroteo, el encuentro en un campamento abandonado en Puerto Príncipe con los hombres de Montoya o esos paseos en porsche desfilando ante las palmeras de las carreteras de Miami que, al final, se acaban convirtiendo en el icono auténtico y genuino de la película.

Queda hablar de la pareja protagonista. Cuanto menos, resulta extraña la sensación que dejan las actuaciones de Farrell y Foxx.
Ambos cumplen en su papel, y Foxx mejor que Farrell como mejor actor que es. Pero como pareja protagonista dejan que desear en cuanto a la inexistencia casi absoluta de química. Sonny y Rico trabajan juntos y comparten sus problemas, pero dan la impresión de no conocerse en absoluto.
La solvencia que muestran en sus papeles Farrell y Foxx no queda patente en la relación amigos-compañeros que debería existir entre las dos cabezas visibles de Corrupción en Miami, y ahí es donde bien ellos, bien Mann, fallan estrepitosamente. No se puede decir lo mismo de Gong Li que se muestra convincente como mujer letal y a la vez sensible, atrapada por el capo mafioso y del narcotráfico que es Luís Tosar. Poco se puede decir aquí del español cuando su aparición es anecdótica y limitada a unos pocos segundos de rostro sereno y cansado incapaz de infundir el miedo o respeto que se le presupondría.

Cuando los títulos finales ocupan la pantalla, uno no puede dejar de pensar en que esta adaptación de Mann sobre su propia serie no puede dejar contento a nadie. Ni aquellos que esperaran alguna semejanza con la original, ni los que esperábamos ver la progresión de un cineasta notable y su capacidad de sacar provecho de tan arriesgado proyecto.
Corrupción en Miami, sin ser un desastre fílmico, denota muy poco interés, resulta sosa y se mantiene en la delgada línea roja que separa la parsimonia del aburrimiento. Unido a la poca fortuna en el uso de una banda sonora actualizada a nuestros tiempos, resultando estruendosa en momentos donde se presume innecesaria, la suma de los factores hace de ella un producto a olvidar en pocos minutos. Malos tiempos para la nostalgia.

Jordi Revert

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