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Sean Connery regresa para encarnar por ultima vez (oficialmente) al
personaje que lo condujo al estrellato, luego del fracaso comercial de la
cinta previa y la renuncia de George Lazenby, quien solo calzaría los
zapatos del 007 por una ocasión.
También regresa el director francés Guy Hamilton, luego de llevar al cine
Goldfinger, la tercera entrega de la serie. Esta vez Hamilton se enfoca más
en el humor y deja a un lado la psicología del personaje de Fleming, a
excepción del misterioso prólogo, en el que James Bond acecha a varios
personajes en busca de venganza. |  |
John Barry compone una admirable banda sonora, contando por segunda vez con
la inigualable Shirley Bassey en el tema principal. Ken Adam vuelve a lograr
un óptimo trabajo en los decorados, al igual que Ted Moore en la fotografía
y Maurice Binder en los créditos principales.
A Richard Maibaum en el guión se le une Tom Manckiewicz, quien volvería a
escribir los textos de dos cintas más del espía británico. Ambos descartan
la mayor parte de la trama de la novela de Fleming, de la que solo comparten
algunas locaciones, pero parten curiosamente de un sueño que tuvo el
productor Albert Broccoli, en el que James Bond tenia un encuentro con el
misterioso magnate Howard Hugues, amigo intimo de Broccoli; también se
adiciona a Blofeld, suprimiendo a los villanos de la novela, los hermanos
Spang; pero mantienen a la hilarante y malvada pareja de homosexuales Mr.
Kidd y Mr. Wint, quienes protagonizan algunas de las escenas más memorables
de la cinta.
 | Con el fin de atar cabos (y dejar otros sueltos) regresa por tercera vez
consecutiva el infame Ernst Stavro Blofeld, esta vez encarnado con
carismática villanía por Charles Gray, quien se luce en el papel, a pesar de
que ya había participado en un rol secundario de un filme anterior de Bond.
Las chicas Bond de esta aventura son la contrabandista pelirroja Tiffany
Case y la exuberante Plenty O'Toole, quienes dan así inicio a una serie de
féminas Bond de carácter más débil y/o torpe que las anteriores coestrellas,
quienes destacaban no solo por una apabullante belleza, sino también por
alguna destreza intelectual o instintiva. |
Aunque no se explaye en la psique del personaje central, como ocurrió en la
anterior cinta, y de contener una trama más fantástica que las anteriores,
enfocada con frivolidad y desinterés, Diamonds are forever mantiene un
ritmo ágil, lúdico y entretenido, exaltando a Connery como el Bond original,
y conteniendo momentos dignos de mención, como las andanzas de Mr. Wint y
Mr. Kidd, el encuentro de Bond con Blofeld y su clon, la visita a la
funeraria de Morton Slumber, la lucha cuerpo a cuerpo con Peter Franks en el
elevador, la presentación de Bambi y Thumper, el ya mencionado prologo, y
la explosiva y jocosa escena de clausura a bordo del Queen Mary. Pierluigi Puccini
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Sean Connery
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