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EL PERRO MONGOL (2005)
Dirección: Byambasurem Davaa.
Intérpretes: Babbayar Batchuluun, Natsal Batchuluun, Nansalmaa Batchuluun, Buyandulam Daramdai.

   
En la cordillera Khangai, en plena estepa mongola, se encuentra enclavado
un pequeño campamento en donde habita, durante el verano, la familia
Batchuluun, compuesta de cinco miembros: el matrimonio y sus tres hijos
de corta edad.
La hija mayor, Nansal, acaba de regresar de la escuela en la ciudad y se
prepara para colaborar en las pequeñas tareas domésticas y en las más
complejas, como es el cuidado del ganado.
Fruto de estas últimas labores, encontrará a un joven perro del que se
encariñará en exceso. |
Después de darse a conocer con "La historia del camello que llora" (2003),
la cineasta mongola, Byambasuren Davaa, rodó "El perro mongol", un
proyecto de fin de carrera tras cursar sus estudios en la Escuela de Cine
de Munich.
El guión, ideado por la propia Davaa, desarrolla las jornadas ganaderas
vividas por la familia Batchuluun desde la llegada de la primogénita Nansal,
hasta su traslado, coincidiendo con el final del estío, a la ciudad (quizá a la
cercana Tsetserling, más que a la capital Ulan Bator).
Durante ese período, Davaa profundizará en las evoluciones de la pizpireta
Nansal, su fortuito encuentro con el fiel can, Nohor, y su defensa a
ultranza de éste frente a la postura del padre, más proclive a deshacerse
de una carga adicional para el grupo. |  |
"El perro mongol" es cine para ver en el cine y, además, una buena
oportunidad para ampliar el saber: conocer las costumbres diarias en una
yurta (tienda de campaña de fieltro), sentir la preocupación y el miedo a
los temibles lobos que pululan por aquellas tierras, adentrarse en los ritos
y creencias del lamaísmo budista y ratificar la dureza de estos
compatriotas de Dersu Uzala.
 | Si al incremento del acervo cultural, añadimos unas intervenciones
infantiles impagables y la transmisión, a través de sus admirables
imágenes, de sensaciones de paz provocadas por valores tan
fundamentales como la naturaleza y la familia, la solución final pasa por
parecerse a un cántico a la libertad espiritual, sólo roto en el epílogo por
ese altavoz que anuncia el derecho al voto y que provoca una situación
ridícula por el destrozo idílico del ambiente. |
Alberto Alcázar
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