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DIAMANTE DE SANGRE (2006)
  
Dirección : Edward Zwick.
Intérpretes : Djimon Hounsou, Leonardo DiCaprio, Jennifer Connelly, Arnold Vosloo.
En una Sierra Leone en plena Guerra Civil, un mercenario llamado Danny Archer (Leonardo DiCaprio) y un pescador Mende de nombre Solomon Vandy (Djimon Hounsou) se encuentran en la búsqueda de un valioso diamante rosa, que el segundo ha escondido tras ser separado de su esposa e hijos, y ser destinado a un campo de trabajo.
En este contexto aparecerá Maddy Bowen (Jennifer Connelly), una periodista estadounidense que investiga el negocio ilegal del comercio de diamantes. |
Edward Zwick se trasladó a África con Leonardo DiCaprio y Djimon Hounsou para rodar esta historia de acción, aventuras y drama-denuncia, ubicando a sus personajes en un escenario brutal en el que la muerte es plato común y la ambición suele marcar las pautas de comportamiento, más aún si se busca el comercio ilegal con diamantes, lujo de unos pocos que pueden convertirse en la miseria de muchos.
La película principia en un poblado de una Sierra Leona azotada por la guerra civil, con un pescador humilde que ansía para su hijo un mejor porvenir a través del esfuerzo académico.
Tal ilusión se verá quebrada con la aparición de unos revolucionarios rebeldes que, arrogándose la representación y destino de una tierra, arrasan poblados, extirpan brazos, separan familias y lavan cerebros inculcando el odio y el asesinato. Son actitudes y hechos muy dramáticos que contrastan con un diálogo paterno-filial sobre utopía y paraíso previo. |  |
Este inicio posee una intensidad sanguinaria, estética de extrema violencia con la desesperación y angustia en primer plano a través de imágenes que buscan un realismo trágico que nos conmueva.
Tales emociones de consternación, desde la perspectiva del personaje interpretado magistralmente por Hounsou, serán el motor principal de la siguiente odisea de lucro y reunificación familiar.
 | A tal odisea, de tono taciturno y apremiante, con verdosos paisajes de exuberante vegetación y sonidos africanos escritos por James Newton Howard, se unirá un mercenario ya experimentado en estos turbios asuntos a pesar de su corta edad.
La relación mantenida entre ambos en un vínculo de confluencia entre razas termina convirtiéndose en muy especial a través de un progreso de empatía, entendimiento, y redención, aspecto clave para la resolución de una película que detenta eficacia narrativa y pujanza emocional, lo que provoca la fijación continua en el relato, e interpretaciones meritorias de DiCaprio y Hounsou, que aportan profundidad a tales emociones. |
No obstante, este “Diamante de sangre” afloja en algunos detalles para elevarse de su naturaleza de visible espectáculo con mensaje. Uno de ellos es que los personajes principales masculinos, acercados al espectador con tacto sensible en sus sentires y motivos, no dejan de ser estereotipos en torno a actitudes pseudomesiánicas o de antihéroe redentor; el femenino, intrascendente, no posee calado ni demasiada credibilidad en su posición profesional; y los caracteres villanescos, no son más que caricaturas.
A pesar de estos apuntes sobre personajes, la trama, a la que le sobra predicamento más allá de la provocación de sus esencias temáticas simplemente a través de lo que sucede en la historia, le chirrían tramos del típico autoflagelamiento occidental sobre procederes que necesitarían mayor profundización en sus explicaciones, y se alarga en demasía en un final de expansión melodramática, oferta un entretenimiento superior a la media, con épica, tensión, suspense, emociones urgentes, y algunos apuntes sociales esgrimidos desde la perspectiva limitada de sus protagonistas. |  |
Enlaces
Edward Zwick
Leonardo DiCaprio
Jennifer Connelly
Arnold Vosloo

En este convulso y terrible contexto es por donde transitan nuestros protagonistas Danny Archer (Leonardo Dicaprio): un ex-mercenario que se dedica a comprar diamantes a cambio de armas, con las cuales se alimenta la fraticida contienda, y Solomon Vandy (Djimon Hounsou): un pescador con mujer y tres hijos que tiene por objetivo sacar adelante a su familia y procurar la necesaria educación a sus vástagos, con el objeto de que tengan un futuro en el que se vislumbre alguna esperanza.
Como elementos a destacar debemos significar la elevada calidad interpretativa tanto de Dicaprio como de Hounsou (elementos centrales sobre los que pivota y descansa la práctica totalidad de la historia), lo que incrementa la verosimilitud de sus personajes facilitando la comunión con los espectadores.
El resto de actores desempeñan un papel totalmente secundario, tanto por metraje, intensidad interpretativa, y rol desempeñado; Maddy Bowen (Jennifer Connelly), no soslaya la afirmación precedente con la excepción de disponer de un tiempo en pantalla superior al resto de los “secundarios”, si bien con resultado fallido, tanto por su papel demasiado forzado y esteriotipado (la podríamos definir como la voz de la conciencia de la película), como por su sempiterna plana actuación, la cual hace que pese a figurar en los títulos de crédito de películas de relevancia, desempeñando papeles de cierta notoriedad, nos sea difícil rememorarla.
El film está en todo momento imbuido por uno de los objetivos perseguidos explícitamente por Edward Ziwch, a saber, “denunciar” las atrocidades pergeñadas en las guerras civiles africanas, en los países ricos en diamantes y su claro sostenimiento por medio de las compras de las piedras preciosas, que efectuamos los ciudadanos de los países opulentos; por lo que se encuadraría en la taxonomía del cine denuncia o con mensaje.
Para conseguir este objetivo nos presenta unas escenas que a buen seguro impactarán, permaneciendo indeleblemente en el atribulado espectador, como las ominosas e inefables secuencias de las matanzas de civiles llevadas a cabo principalmente por los rebeldes (el llamado Frente Revolucionario Unido o FRU); el brutal proceso de adoctrinamiento, alienación, desarraigo y entrenamiento a que son sometidos los niños secuestrados por el FRU, con el objetivo de convertirlos en soldados de bajo coste (los tristemente conocidos como niños soldado), y las actitudes y comportamientos manifestados por los prebostes rebeldes y sus forzados acólitos, especialmente en relación para con los niños secuestrados. Retratando de forma estremecedora y probablemente con cierto grado de fidedignidad la orgía de violencia, decadencia y máximo envilecimiento al que puede llegar el ser humano bajo las condiciones propicias.
El personaje de Dicaprio, sufre una metamorfosis a lo largo del metraje, en un principio no dudamos debido a su “actividad profesional” en catalogarlo como un villano, posteriormente, como consecuencia tanto del conocimiento de su génesis vital (sus progenitores mueren de forma brutal víctimas de la guerra civil), como en especial a sus ligeras muestras de bondad y conmiseración, las cuales van in crescendo (alimentadas por la amistad y empatía generada para con Hounsou), la valoración cambia sustancialmente; coronándose por un acto redentor efectuado en los momentos postreros de su vida.
En definitiva un film meritorio, con los dos personajes centrales bien trabados y jalonados por magníficas interpretaciones, los cuales más que compensan la debilidad del resto tanto argumental como interpretativa (con la excepción de la aceptable actuación del coronel Cohetes (Arnold Bolso)).
Poseedora de un mensaje social que nos hace salir del cine cuestionándonos determinados valores y creencias bien asentadas en nuestras opulentas sociedades y con la presencia del valorado MacGuffin por Alfred Hitchcock en la forma de un diamante de 100 quilates.
La película generó una significativa polémica, ya que la empresa De Beers (la cual controla el 40% de la producción mundial de diamantes por valor) sentenció que la información, y datos explicitados en la película no eran fidedignos para con la realidad actual, de forma que según ellos, en la actualidad tan sólo el 1% de los diamantes podrían ser calificados como de sangre, frente al 10% de 1999.
Para soportar la afirmación precedente se apoyan en el Proceso de Kimberley (el cual establece una serie de controles para asegurar que los diamantes no tienen un origen bélico), acuerdo alcanzado en el 2002, por los grandes países productores de diamantes y bajo el que se encuentra el 99% de la producción. Si bien esto es cierto, hay que decir que la verificación de los controles depende de los propios países miembros del acuerdo, por lo que la fiabilidad de los datos presentados es muy reducida.
Eduardo Esteve
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