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Alexander Payne, director y guionista que había mostrado un loable oficio en el género de la comedia satírica con la ineludible "Election", retoma su mirada acerva en este "A propósito de Schmidt", un film aposentado en el estudio psicológico de su personaje central, un hombre agriado en un contexto propicio a la introspección y a la glosa social, desde la perspectiva tragicómica de un ciudadano ordinario y fracasado, anclado en una subsistencia ordinaria de insuficiente complacencia vital.
El principal bache de este interesante peripecia reflexiva, que acomoda con talento su tempo a la naturaleza íntima de su esencia temática, estriba en que esta ordinariedad a veces se incrusta en el guión, impidiendo una intensificación del plano dramático, minimizando situaciones de humor y no superando algunas esquematizaciones en sus propuestas existenciales.
Para que esta exposición introspectiva tenga eficacia es importante que el personaje pivote sea interpretado de manera convincente para la transferencia del caudal estimulante de la emoción, siendo éste el principal valor del film, la soberana actuación de Jack Nicholson, quien demuestra que cuando domina sus excesos histriónicos resulta un intérprete extraordinario, al igual que Kathy Bates, espléndida en sus apariciones.
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La primera reacción que suscita el visionado de "A propósito de Schmidt" es la de pedir que otorguen al instante el Oscar al Gran Jack Nicholson, un monstruo de la interpretación, que en está ocasión está que se sale.
"A propósito de Schmidt" es la tercera película de Alexander Payne, director de "Ruth" y la muy recuperable "Election". En estas películas ya daba buena muestra de su talento para la sátira y para arrancar la sonrisa del espectador a través de personajes patéticos en situaciones no menos patéticas.
En el presente largometraje nos narra la jubilación de Warren Schmidt, un gris empleado de una compañía de seguros, que se da cuenta de la mediocridad de su vida y que busca cambiar en algo, pero no sabe en qué.
La repentina muerte de su esposa le dejará en la soledad, ya que su única hija está a punto de casarse con un perfecto don nadie,boda que por supuesto él no aprueba.
Será entonces cuando se embarque en un viaje con la caravana que le hizo comprar su mujer, para conocerse mejor.
Lo mejor de la película como ya he dicho es la sensacional performance de Nicholson, una de las mejores de su carrera, pues aqui aparece sin su habitual sobreactuación, perfectamente contenido, usando su talento para mostrar con nitidez las reacciones de su personaje.
Y es que los primeros planos de Nicholson son excelentes, las caras que pone, que dicen más que mil palabras (destacar la cara de atontado en el ensayo de la boda de su hija y el emocionante plano final).
Pero ello no quita méritos al buen hacer de Payne, que sabe controlar a su protagonista, y dar a esos planos el valor necesario.
Muy destacable, de igual modo, es el guión, de Payne y Jim Taylor, que habla sobre actitudes muy humanas y situaciones posibles dentro de lo rocambolesco.
El espectador va conociendo las cuitas de Schmidt a través de las cartas que envía a Ndugu, un niño que apadrina en Tanzania, ya que a nadie quiere confesarlas (muy divertido cuando expone las manías de su mujer).
Los personajes son de dos caras, ni buenos, ni malos (como la hija de Schmidt, que parece querer a su padre, pero no está por la labor de hacerse cargo de él, o la familia del novio, unos papanatas con buen corazón).
Por cierto, que Kathy Bates nos depara uno de los desnudos más horrorosos de la historia del cine.
La pena de que no salga una película redonda la tiene algún bajón de ritmo a media película, por detenerse el director en algún hecho al final irrelevante, creo que la secuencia con los vecinos de caravana sobra del montaje final.
Recomiendo el film a todo aquel que alguna vez se haya sentido sólo o inútil en el mundo, que creo que es bastante gente, pues se van a sentir identificados con el mediocrín de Warren Schmidt.
El que no quiera, que vaya a ver la mediocre "Mi gran boda griega", que hay gustos para todo.
David García
 
Sería injusto comenzar a escribir sin mencionar al único pilar que sustenta esta película: Jack Nicholson. Otra vez, y ya van..., el oscarizado actor, que vuelve a estar nominado este año, borda su papel en una interpretación que ralla lo perfecto.
Con sólo una mirada o un gesto, Nicholson es capaz de transmitir dolor, alegría, aburrimiento, sorpresa... Sólo un actor de su generación, Michael Caine, ha conseguido mantenerse a su altura.
Schmidt, un hombre alienado y que toda su vida ha seguido las reglas del mundo occidental (asumir con rutina su trabajo y su familia) contempla con asombro como todo se desmorona en un par de días tras jubilarse de una agencia de seguros y morir su mujer, con la que llevaba casado 42 años.
Es a partir de este momento cuando empieza a cuestionarse su pasado y su presente y a hacer balance de lo que ha sido su vida.
"About Schmidt" no es una gran película, en ocasiones peca de lentitud y sus dosis de humor negro se diluyen a medida que avanza el metraje.
Sin embargo, es justo reconocerle su intento por mostrarnos el interior de los pensamientos y sentimientos de una generación de ciudadanos norteamericanos que, sin duda, se verán reflejados en la piel de este personaje.
Es una alegoría de cómo el tiempo hace mella en las personas y de cómo afrontan los últimos años de su vida.
En su viaje particular, Schmidt descubre secretos ocultos de su pasado, experimenta nuevas sensaciones y fracasa en su desesperado intento por enmendar errores y comenzar una nueva vida.
Schmidt, solo y desesperado, tiene como único punto de apoyo a Ndugu, un niño tanzano que recientemente ha apadrinado.
Así, las cartas que le envía, lejos de ser superficiales, encierran todo l rencor y desesperanza que se esconde en el interior de este jubilado. Al final, Schmidt consigue un bote salvavidas que lo saca de su depresión y, en cada lágrima, expulsa los demonios de la insatisfacción y de la ira.
Caso aparte es la actuación de Kathy Bates, tambien nominada a los Oscars de este año, quien, a pesar de no llegar a su interpretación de "Misery", retrata perfectamente la imagen de una liberal y "pasada de rosca" divorciada.
Por último, creo que merece la pena recordar la (increíblemente lenta) "Una historia verdadera" de David Lynch, una película muy parecida a ésta en cuanto a contenido y forma, a la que seguramente Alexander Payne tomó como ejemplo a seguir.
Gonzalo Sellers
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