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Contemplar las andanzas de Fred Astaire en la pantalla resulta tan agradable como esa brisa fina que sopla en una sofocante tarde de verano; sea la película que sea, con un guión más o menos cuidado, lo que espera el amante del cine musical, es ver al enjuto bailarín de Omaha deslizar sus ágiles pies mientras escucha una precisa y preciosa melodía, y si encima, la baila al lado de su pareja de siempre, la rubia Ginger Rogers, pues mucho mejor.
Esta comedia musical, orquestada por Max Steiner, vuelve a poner en solfa todos los mecanismos de los que se sirve este tipo de proyectos, una trama más o menos simpática llena de equívocos, empleada como pretexto para deleitarnos con las diferentes coreografías y canciones que van asomando por el metraje del film, y ¡qué canciones!, nada más y nada menos que "Night and Day" o "Continental", dos auténticos clásicos de la época, sin olvidar otras gemas como "A needle in a haystack".
Bastante divertida, en especial gracias al personaje interpretado por un espléndido Erik Rhodes, "The gay divorcee", dirigida con admirable funcionalidad por Mark Sandrich, un asiduo colaborador de Astaire y Rogers en maravillas como "Sombrero de copa" o "Sigamos la flota", es otro regocijante vehículo establecido para la mítica pareja. Enlaces
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