|
Carente de trama lineal, esta gran película, tomando como pivote focal las andanzas de una familia de clase media en un entorno provinciano, es un maravilloso retablo episódico de recuerdos y ensoñaciones del propio director en Rimini, su ciudad natal, ubicando la acción del film en un pequeño pueblo en tiempos de la Italia fascista.
Estas evocaciones memorativas de Fellini están plasmadas en pantalla con una serie de imágenes de ecléctica gradación suprarreal, bufona o lírica, concretadas en una asociación lúcida entre sensibilidad artística y emocionalidad nostálgica, engrandecida por el mágico acompañamiento musical de Nino Rota.
Envueltos en este ensoñadora tonalidad, los sucesos y muestrario de los peculiares personajes que divagan por la villa se van sucediendo: la mujer-objeto, el ilustrado abogado, la estanquera de enormes pechos, la prostituta demente, los turistas árabes....cuyas peripecias desembocan en un costumbrismo de tamiz surrealista y humor esperpéntico. |  |
El amor, el dolor, el sexo, las alegrías, los sueños o la cara apenada de la realidad son algunos de los puntos neurálgicos de esta imperecedera obra de remembranza autobiográfica.

Narrado en tono cómico-nostálgico, la obra recoge un puñado de historias de
los habitantes de un poblado italiano, el Rimini natal de Fellini, plagado
de esos personajes estrambóticos y fascinantes que tanto le obsesionan a su
director.
La infancia, el florecimiento de la sexualidad la amistad, los inaguantables
pero también jocosos días del colegio, la lasciva prostituta del pueblo, la
Italia fascista, y las luchas paterno-filiales son retratadas de forma
sincera y sin aspavientos, bajo el obvio manto felliniano de sutil
imaginería y ese singular sentido del humor, acompañado a su vez por una
inmensa y mágica partitura de Nino Rota.
A destacar, escenas de gran hilaridad como las travesuras de los colegiales;
Volpina y su hambre insaciable de sexo; la confesión de Titta y su amor
secreto por Gradisca, así mismo como la odisea que a este le causan los
grandes pechos de la vendedora de tabaco; El tío de Titta y su urgencia por
tener una mujer; y las constantes luchas verbales y físicas entre Aurelio y
Titta. También se encuentran pasajes de gran belleza visual y lirismo, como
la de la llegada del gran buque, surcando las aguas del pueblo bajo la
mirada atónita y festiva de sus habitantes; la llegada de las estaciones, y
la típica escena de clausura Felliniana, una "festa" con música, baile,
algarabía y amor por la dolce vita.
Pierluigi Puccini
© Aloha Criticón. Todos los derechos reservados.
|