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WALL-E (2008) de Andrew Stanton
Puntuación lectores
8.8/10Vota tú esta película

WALL-E (2008)

Dirección: Andrew Stanton.
Intérpretes: Película de animación.

WALL-E, un robot creado para limpiar la Tierra, viajará a través de la galaxia con EVE, un radiante robot explorador con el que vivirá diferentes aventuras espaciales.

Andrew Stanton, uno de los responsables de “Buscando a Nemo” y “Bichos”, inicia esta aventura robótico-espacial con una canción de “Hello, Dolly” que Michael Crawford y Danny Lockin, como empleados de Walter Matthau, cantaban y bailaban con la esperanza de abandonar su pequeño pueblo, poder conocer otros mundos y encontrar el amor.

Esto es también lo que parece desear el héroe de este film, WALL-E, un robot dedicado a la limpieza de la múltiple basura que urbaniza la arquitectura de un asolado planeta Tierra en un panorama post-apocalíptico y unas maneras funcionales-rutinarias (y estériles) que conectan a la película con las clásicas distopías con escenarios asimovianos.

Tal panorama futuro gris y desastrado es el contexto de WALL-E, ser metálico solitario que se solaza viendo la citada película “Hello Dolly” (en donde desde su soledad el robot contempla a grupos de personas cantando y bailando en felicidad) y guardando reliquias del “pasado”, sea un cubo de Rubik o una bombilla.

Su monótona existencia, expuesta en el inicio como una película muda del cine cómico (en especial de Chaplin) con mezcla de slapstick y tierna poética, cambia cuando descubre la presencia de EVE (su Eva particular, ya que él no deja de ser un Adán que impulsa una posterior regeneración de su contexto) y encuentra una planta, pedazo de vida natural en un amasijo de chatarra que puede devolver el esplendor originario a un planeta devastado e inhabitable. La película cruza un interés romántico con una advertencia ecológica.

Si la Tierra no es habitable... ¿Dónde se encuentran ahora los terrícolas? Su ubicación, llamada Axioma, vuelve a conectar el guión con las citadas distopías, en especial con las orwellianas.

Los seres humanos, controlados, pasivos y aborregados, pretenden buscar la felicidad sin levantar el culo de la silla y rodeados de un ambiente excesivamente tecnificado. Si hoy llevan ropa azul por orden de los que mandan, mañana al color azul se le llama rojo y todos a cambiar de ropa sin rechistar.

Con WALL-E en Axioma la referencia de los guionistas es ahora más Jacques Tati que Chaplin, y, sin perder la lírica de sus comienzos, se produce la esperada rebeldía ante lo establecido y la consecuencia esperanzadora de tal actitud.

Sus mensajes no es que brillen por la originalidad, las situaciones de humor no deparan grandes risas, y algunas escenas se expanden y reiteran en demasía perdiendo efectividad.
No obstante, la historia está tratada con sensibilidad, y resulta muy curiosa por el planteamiento futurista con evocaciones a los citados maestros del cine cómico.

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Andrew Stanton


¿Es realmente “WALL-E” tan excelsa como se enuncia? La pregunta es crucial, como de costumbre Pixar se abalanza sobre la gran pantalla, nos hace trizas al contar la bella historia de un robot abandonado en las fauces de una tierra desierta, sin más que la compañía de una cucaracha, WALL-E, un robot programado para limpiar el planeta, desarrolla sentimientos y afecciones, se aferra a las pequeñas cosas encontradas en su jornada de trabajo y las atesora fervientemente, cada día baila encantadoramente al son de la película “Hello, Dolly!”.

Pixar crea a un personaje entrañable, bello, simpático, apenas pronuncia un par de palabras y aún así conmueve, todo es expresivamente artístico cuando nos referimos a WALL-E como personaje, no obstante, como película dista de ser una obra maestra.

Bien podemos dividir el filme en dos partes, la primera se refiere al pequeño robot en todo su esplendor, la fase introductoria se nota apacible, diseñada con detalle (tanto en la animación como en la trama) WALL-E experimenta y nos incita a estar a su lado cual invitado silente, a la expectativa, son aproximadamente cuarenta minutos de una obra maestra, artística, pulcramente animada, sientes que ha llegado a la pantalla grande una de las mejores producciones de animación.

El director de “Buscando a Nemo” y “Bichos”, Andrew Stanton (aquí igualmente guionista) también nos obsequia una relación afectuosa entre él y una robot proveniente del espacio exterior (EVE), se escucha a Luis Armstrong interpretar “La vie en rose”, y así la banda sonara se nota agraciada, incluso va más allá de lo aceptable. Los buenos sentimientos fluyen limpia y naturalmente, algo paradójicamente simbólico al tratarse de un robot.

Aunque sea cierto que la película en su totalidad es buena, también es una verdad innegable que existe una triste bifurcación.
En la segunda parte, cuando WALL-E va más allá de la tierra, el espectador descubre la intención principal de la trama, no es un producto meramente artístico, sino también intenta remover la conciencia del público.
No es desdeñable la convicción de hacer recapacitar al espectador sobre la ecología y la valía de la comunicación entre las personas, así como la apreciación del entorno y la vida misma (temas que intenta abordar la segunda parte del filme), lo poco apremiante es que dicha meta no se afronta con la misma estética que impregna la primera parte; se nota un poco desvalida, sin tanto ánimo los humanos entran en escena y logran causar mella en el producto final.

Mientas las secuencias con robots son entretenidas y chispeantes, el mensaje apocalíptico en cuanto a la humanidad de Andrew Stanton carece de fuerza, es una oscilación mal empeñada que necesitaba ser pulida antes de ser traída a la vida.
Aún así, nada despreciable se puede encontrar en “WALL-E” en su apartado visual, la trama puede fluctuar un poco en su tramo final, pero se recupera virtuosamente gracias a sus personajes de acero.

Una recomendable exposición cinematográfica para un público de todas las edades, brillante entretenimiento, aunque pudo haber sido mejor.

Lucio Rogelio Avila Moreno

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Andrew Stanton

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