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Producción británica del director polaco Roman Polanski (nacido en París) que proyecta mediante una mezcolanza entre la comedia y el terror establecer un homenaje en tono paródico a los films producidos en uno de los estudios más insignes dedicados al género del horror que ha dado el cine mundial en general y el inglés en particular: la Hammer.
Aunque el mecanismo cómico establecido por Polanski y su habitual co-guionista Gerard Brach no funciona como sería deseable (slapstick algo fácil, humor verbal no excesivamente memorable) el trabajo de ambientación, lo fascinante de su atmósfera, una ululante música de Krzysztof Komeda, la fotografía de Douglas Slocombe (usual cinematógrafo de la Ealing), la maña y ligereza narrativa de su realizador, y la grata presencia de Sharon Tate (actriz con la que Roman Polanski contraería matrimonio un año después y que sería triste protagonista de la sanguinaria masacre del satanista Charles Manson) hacen que esta divertida película, rodada en parte en los Dolomitas italianos, se vea sin esfuerzo y con sumo placer.
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Sharon Tate

El baile de los vampiros (Roman Polanski, 1967), cuyo título original es The fearless vampire killers or Pardon me, but your teeth are in my neck (algo así como, “los temerarios asesinos de vampiros o perdone pero sus dientes están en mi cuello”) es la primera película en color de Polanski y la cuarta de su filmografía.
Polanski ya era en 1967 un cineasta de prestigio gracias a perturbadoras películas como Repulsión (Repulsion, 1965).
En "El baile de los vampiros", Polanski no sólo trabaja como actor y director, sino que también es guionista y productor. Polanski se las ingenió para convertir una película de terror en una sátira desenfadada, cómica y con una puesta en escena inquietante y por momentos desestabilizadora que el propio cineasta volvería a utilizar en lo que fue su mayor éxito comercial: "La semilla del diablo" (Rosemary’s baby, 1968).
"El baile de los vampiros" se erige, pues, como una parodia del ya muy trillado en aquel momento subgénero de vampiros. En el film el cineasta polaco pone en escena los desmanes de unos vampiros homosexuales y promiscuos, así como las locuras de un científico anciano y su inepto ayudante.
La película no es, desde luego, de las mejores de la extensa filmografía de Polanski, pero tiene suficientes elementos que despiertan la atención del espectador. A saber: Polanski es un gran director de actores, y las mejores secuencias de esta película provienen de las situaciones cómicas en las que se ven envueltos sus personajes; además son personajes muy originales, tanto física como personalmente. También la perturbadora puesta en escena, a la que ya hemos aludido anteriormente, resulta un elemento cuanto menos llamativo.
Pero por encima de todo, la película permite que la joven Sharon Tate muestre su indiscutible belleza. A día de hoy es inevitable contemplar este film sin que deje un poso de tristeza en el espectador; ese espectador que conoce el macabro futuro que le esperaba a la hermosa Sharon Tate, apenas un año después del rodaje de esta película, cuando fue asesinada a manos de la secta satánica del siniestro Charles Manson.
Contemplar a un joven Polanski y a su bella esposa en sus escenas de intimidad, ajenos al horror que les deparaba un futuro próximo es uno de los macabros y melancólicos intereses de esta extraña película, realizada por uno de los cineastas más personales –todavía en activo- que ha dado la historia del cine.
Eduardo Villanueva
Roman Polanski y su habitual colaborador en los textos, Gerard Brach,
conciben este homenaje-parodia a las cintas de terror de la Hammer.
Con una conseguida fotografía de Douglas Slocombe, una dispar pero
provocativa partitura de Krzysztof Komeda y un grandioso reparto,
estelarizado entre ellos por el encantador y carismático anciano Jack
MacGowran, el tenebroso Ferdy Mayne, la preciosa Sharon Tate, y el mismísimo
Roman Polanski como un torpe y soñador joven aprendiz.
Es obvio que la comedia no es el fuerte de Polanski, su habilidad se
encuentra más en la creación avezada de atmósferas desasosegante u
opresivas, sin embargo, cabe admirar su uso del slap-stick y el fast-motion,
con fin de otorgarle cierta hilaridad a la pieza.
Dentro de los momentos memorables, que se cuentan por montones, están las
escapadas de Shagal, las presentaciones de Von Krolock, su hijo Herbert, y
el jorobado Koukol, y los tiernos momentos entre Polanski y Sharon Tate,
quienes entablarían un romance en la vida real, que los llevaría al altar,
tristemente por poco tiempo, luego del brutal asesinato de la hermosa actriz
a manos de la sádica familia Manson.
"El baile de los vampiros" es un filme atípico dentro del currículum de
Polanski, no obstante, contiene numerosos momentos simpáticos y
entretenidos, y tampoco esta exento de esa inequívoca, placentera y
fantasmagórica puesta en escena del director franco-polaco, con el que sus
cintas transmiten la magia, el poder, y el encantamiento necesario como para
disfrutar dos horas de buen cine.
Pierluigi Puccini
Mientras que el profesor Abronsius deduce estos supuestos , su ayudante
Albert comienza a enamorarse de Sarah (Sharon Tate), la hija del posadero;
su belleza es imposible que pase desapercibida, y menos para Albert, que
muestra tener más inquietudes de otro tipo que las que tiene su profesor.
Una de las noches en que Sarah se esta lavando en la bañera es secuestrada
misteriosamente; será a partir de este momento cuando el profesor Abronsius
y Albert emprendan el viaje que les lleve a la morada, al castillo del Conde
Von Krolock(Ferdy Mayne) al lugar donde habitan los vampiros que durante
tantos años el profesor Abronsius anhelaba destruir.
La maestría de Polanski en esta película todavía no es equiparable a la que
alcanza con posteriores películas como Chinatown, La semilla del diablo o El
Pianista; sin embargo logra hacer una película que deja momentos de gran
comicidad en un género que supuestamente no casa con el humor como es el
terror; por ejemplo el hijo del Conde Von Krolock,Herbert (Iain Quarrier)
muestra un más que incipiente amaneramiento; o el baile final de la película
en el que más que una coreografía es una oda al absurdo.
Gran parte de la magia de la película reside en su música, sin lugar a dudas, una partitura de gran belleza y sensualidad a la vez, realizada por Christopher Komeda.
Con el tiempo esta película despertó aún más interés ya que supuso el inicio
del romance de Polanski con Tate y todo lo que posteriormente pasó; sin
embargo Sharon Tate no es el único protagonista que de esta película tuvo un
final trágico. Jack MacGowran, el actor que da vida al profesor Abronsius
murió tras el rodaje de El Exorcista en 1973 , en el cuál participó; o
incluso el compositor de la película Christopher Komeda murió en 1969 en un
accidente de tráfico debido a una gran borrachera.
Lo que está claro es que es una película que el paso del tiempo la va
convirtiendo poco a poco en una película de culto dentro del género de
terror... ¿cómico?.
Emilio María Ramírez Márquez
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Sharon Tate
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