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La Hora Del Lobo (1968) de Ingmar Bergman
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9.9/10Vota tú esta película

LA HORA DEL LOBO (1968)
Dirección: Ingmar Bergman.
Intérpretes: Max Von Sydow, Liv Ullman, Gertrud Fridh, Georg Rydeberg.


Johan Borg (Max Von Sydow), pintor en crisis creativa, y su esposa Alma (Liv Ullmann) se trasladan temporalmente a una casa situada en una apartada isla, en donde serán invitados al castillo del barón Von Merkens (Erland Josephson).

La hora del lobo (Vargtimmen) es tal y como señala su protagonista, esa hora del día en la que más gente muere y más niños nacen, aquella en la que los sueños se tornan en pesadillas.

Nos encontramos ante una película de horror, probablemente la más sombría y turbadora de toda la filmografía bergmaniana. Una obra maestra absoluta en la que el cineasta sueco reflexiona sobre las relaciones destructoras que se establecen entre el artista y su insaciable público.

Supone además la culminación de la influencia expresionista en Bergman, tanto desde un punto de vista estético (extraordinaria fotografía de Sven Nykvist) como conceptual.

En este sentido cabe recordar que la esencia del expresionismo es la interpretación subjetiva del mundo, predominando la imaginación y lo onírico sobre el realismo. Esto es lo que ocurre en el filme, donde la realidad se confunde con la imagen atormentada que tiene de la misma el protagonista, de modo que con frecuencia lo que vemos en pantalla no es más que la exteriorización de esos fantasmas y demonios internos que lo acechan.

Esa estructura narrativa en la que se alternan lo real y lo pesadillesco recuerda mucho a algunas de las narraciones de E.T.A. Hoffmann, escritor y compositor que ha influido de forma notable en cineastas como David Lynch, al que Bergman se adelantó, en todos los sentidos, varias décadas con cintas tan complejas y rompedoras como “Persona” (1966) o la que ahora nos ocupa.

Al principio de la película, mientras leemos los créditos escuchamos todo el ajetreo que precede a la filmación de una escena. Al igual que en Persona, que se iniciaba con planos sobre la puesta en marcha de un proyector de cine, Bergman nos presenta su obra como artificio, dejando claro que nos encontramos ante una ilusión.

A lo largo del mismo destacan especialmente por su carácter perturbador la secuencia en la que Johan se encuentra pescando y resulta atacado por un niño, al que finalmente tiene que machacarle la cabeza con una piedra para que lo deje en paz, así como toda la parte final que transcurre en el castillo.

Es en este último y fascinante tramo de la película donde Johan se ve humillado, vejado y finalmente devorado por aquellos que se presentaban inicialmente como sus admiradores (secuencias que representan el miedo del artista a no estar a la altura de las exigencias de su clientela).

No se puede terminar este comentario sin hacer alusión al gran trabajo llevado a cabo por los actores, y es que Sydow, Ullmann, Josephson y el resto de la troupe están excelentes.

En definitiva, título esencial de su autor y uno de los más logrados de los que rodó en la isla de Farö. De atmósfera opresiva, angustiosa e inquietante.

Ricardo Pérez

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