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Es importante la significación de la elección de Marc Bolan y su grupo T-Rex (simpático el baile de la profesora y el niño con "I Love to Boggie"), creadores del glam británico, una tendencia musical que aunaba provocación erótica con el rock y jugaba con la ambigüedad sexual presentando a sus más ilustres representantes (T-Rex, David Bowie, Slade o Sweet) disfrazados y maquillados como féminas; paradójicamente este estilo se convirtió en consumo de masas de todo tipo de clase social (principalmente obrera) en un país con una mentalidad harto puritana. La traslación al microcosmos de Billy Elliot no resulta descabellada.
Sus ansias de ser bailarín chocan con los valores de su pequeña comunidad familiar desmembrada (su madre había fallecido) al dejar de lado la tradición minera de su padre y su hermano mayor y trasladar sus esfuerzos hacia la práctica del ballet. Rompe así un tabú ("el ballet es de maricas") enfrentándose a las pautas de actuación de sus ascendientes (su padre y abuelo habían practicado el boxeo como amateurs), como previamente lo habían hecho los maquillajes del glam en la música rock. Tampoco es fútil la utilización de grupos como The Clash o The Jam en puntuales ocasiones, grupos preocupados por los asuntos sociales, laborales y políticos de su país.
Esta es una historia de sufrimientos (aunque atemperados en su acritud por la fortaleza psíquica de sus caracteres) y esperanza en un marco gubernativo conflictivo con el sector minero como fue el gobierno de Margaret Thatcher. Sufrimiento personal y profesional para mantener una perspectiva en un mejor porvenir. El sufrimiento de continuar en la huelga sin recibir remuneración por unas mejores condiciones de trabajo, el sufrimiento de enfrentarse a la tradición y a la propia vergüenza para la consecución de unas metas o el sufrimiento de traicionar a los ideales ante las nulas y precarias circunstancias vitales.
La narración de Stephen Daldry es emotiva y perceptible, neorrealista y poética, reposada y vigorizante, el guión acomoda perfectamente los diálogos a la acción, ambientes y personajes y la trama fluye, con distantes recovecos de dramatización social, hacia una única dirección: la esperanza de un futuro de tintes más optimistas ejemplificado en el triunfo personal ante adversas condiciones.
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Jamie Bell

La vida se balancea entre el soportar y el soñar, el mal tiempo se hace presente y la desgracia también, es un drama con sus toques humorísticos amalgamados a la perfección, la obra que se postra ante nuestras pupilas es hermosa, determinante y audaz, la invitación a la empatía se pone en escena a cada instancia, los sentimientos desfilan por la pantalla soberbiamente captados por la cámara que nos induce a crecer con los personajes, es una experiencia recomendable para el público en general, para así comprender lo importante que es seguir nuestros mayores sueños, metas y propuestas diarias, el emprender la lucha por la persona a la que se ama, aceptar la ausencia de los que se van y comprender las aficiones del prójimo, una obra maese de la vida con los matices que esta demanda y las esperanzas que le exigimos, el producto de la reciprocidad entre nosotros y la existencia, la exigencia mutua.
Es Billy Elliot el pleno ejemplo del optimismo en la tempestad, la trama que se desenvuelve sin perder pulso ni tiempo, es adecuada hasta su final, sus actores se encuentran en su apogeo y nos brindan interpretaciones soberbias, el chico Jamie Bell tiene un talento asombroso, desde la actuación hasta la danza, esta confinado al triunfo, materia prima manejable para que en un futuro no muy lejano sea más que una celebridad, Gary Lewis como el padre luce espectacular, es algo tangible y emotivo, imposible no sentir empatía y Julie Walter sencillamente estupenda.
Todos los componentes del filme son buenos, los números musicales, las partituras y las canciones nos inducen a ser acogidos por la trama e introducirnos en cada escena que se hace presente, como espectador eso para mí es esencial, adoro y me fascinan este tipo de películas en los cuales se muestra a la sociedad, las calles húmedas, las casas en suburbio, la manifestación de la inconformidad y los sueños de un niño, así como el atrevimiento de la juventud, todo con un propósito, todo bien efectuado y concluido, así es esta obra, nos invita a desaparecer con ella y sentirnos volar, como lo definiría Billy, es como electricidad, hay que dejarnos llevar.
El director nos ha dado uno de los mejores momentos en el cine, desde esta su primera obra hasta la aclamada “Las horas”, la cual en lo personal es mi filme favorito, sabe dirigir y conectarse con el espectador, emanar sensaciones y sentimientos puros e innatos, siempre invitando a la reflexión, cruda realidad, poético matiz, balance entre la imagen y el verbo, donde se palpan los sentidos del espectador, esto es cine, aquí encontramos al arte, es por esto que el agradecimiento y la admiración es considerable, gracias Stephen Daldry.
Lucio Rogelio Avila Moreno
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