Todo un clásico del cine de ciencia-ficción, que adaptaba bastante libremente la novela de Philip K. Dick de 1968 "¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, ya que pervierte muchas claves del relato del gran escritor.
Bastante sobrevalorada, la película se descarría por el habitual proceder fílmico del director británico Ridley Scott (no hablemos ya de su cargante hermano Tony), siempre más preocupado por conseguir un llamativo aspecto visual que del desarrollo idóneo de los elementos claves de la película, historia y personajes. Todo ello para solapar su remilgada capacidad narrativa y definitoria. |  |
Esta dominación estética (sin duda importante componente dentro del género de ciencia-ficción) está muy conseguida, utilizando características expresionistas dentro de las constantes ambientales y de personajes del thriller clásico (especialmente en el taciturno retrato psicológico del carácter central), que convierten a la soleada California de los Beach Boys en un sombrío, humeante, lluvioso, triste y nocturno escenario.
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Pero el predominio de ese escenario sobre el cuerpo del film, puede distanciar al espectador que no conexione con el mismo, y por consiguiente, enturbiar esta taciturna pero confiada mirada a la libertad existencial, la naturaleza humana y la fugacidad vital, con resonancias futuristas del Frankenstein de Mary Shelley y del tradicional cine negro.
Destacable sí que es el trabajo fotógrafico de Jordan Cronenweth, el diseño artístico de Savid L. Snyder, y la música del ex Aphrodite's Child, Vangelis. |
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Ridley Scott
Harrison Ford
Rutger Hauer
Daryl Hannah

Harrison Ford, que anteriormente había hecho "El imperio contraataca" (1980) de la trilogía de Star Wars, realiza otra de sus mejores interpretaciones, dando vida a un policía psicológicamente complejo, solitario y malhumorado, cuyo único trabajo es destruir replicantes invasores, sin que por ello sufra cambios en su rutinaria vida.
Junto a Harrison Ford se encuentra la casi olvidada Sean Young, que realiza el único trabajo interesante en su mediocre carrera cinematográfica.
El resto del reparto está igualmente excelente, con especial atención a una jovencísima Daryl Hannah.
Esta película, una de las mejores de su carrera como director, sirvió para que Ridley Scott pusiera en funcionamiento todo un despliegue de conseguidos efectos especiales, dando vida a una inquietante atmósfera futurista, no exenta de pesimismo (en la ciudad está casi siempre lloviendo y apenas hay luz solar). El film está lleno de guiños cinéfilos, que encajan perfectamente con el ritmo de la historia, pero lo mejor radica en sus filosóficos y excelentes diálogos, sobre todo en la parte final, con ese impresionante monólogo que dice Rutger Hauer a Harrison Ford. Y no olvidemos destacar la maravillosa banda sonora compuesta por Vangelis, autor también de la conocidad música del filme "Carros de fuego".
Como curiosidad, cabe añadir que está película tuvo varios finales, siendo cualquiera de ellos excelente, y que Harrison Ford y Sean Young se llevaron muy mal durante todo el rodaje.
En definitiva: una película que puso de moda a las películas futuristas. Un film poético y filosófico, que habla de nuestro destino, del ser humano y, en definitiva, de la vida. Una maravilla.
Si es usted aficionado al buen cine futurista o de ciencia-ficción, vea esta película y déjese de ver sobrevalorados bodrios infumables, como esa reciente "Matrix".
Raúl Calderón
Pocas veces en el cine, han confluido tantas circunstancias, para que viera la luz, una película mítica. Un director, con el poder de dotar a sus films, de un despliege visual inigualable (ultimamente mucho menos acertado). La maravillosa historia, con tintes romántico-existenciales, de Philip K. Dick. Una banda sonora acertadísima de Vangelis. Y sobre todo, una concepcion artística de la escenografía, y del espacion fílmico en general, que ha influido, en todo el arte visual de finales del siglo XX.
Todo esto, propicia, un auténtico cruce de géneros (ciencia ficción-cine negro-casi western), que no rechina, sino que da lugar a un a un resultado simplemente mágico. Personajes maravillosos, de profunda y aristada psicología, que se ven obligados a vivir en un mundo apocalíptico, que se encamina a su autodestrucción.
Lo más increíble, es que la película fue concebida tan moderna, que hasta el momento no ha envejecido lo más mínimo. Sus efectos especiales, mucho más primitivos, que los digitales de hoy en día, cumplen su función a la perfección, creando una atmósfera claustrofóbica perfectamente creíble, a ratos expresionista. La acción, es de ritmo lento, pausado, que invita a reflexionar sobre la trascendencia de lo que ocurre, al tiempo que podemos deleitarnos, con la sorprendente ambientación, de la decadente ciudad de Los Angeles.
Y por supuesto momentos irrepetibles, que quedan marcados en la retina, y en lo más profundo del ser, de quien se deja seducir por esta obra. De entre todos ellos, como nó, destacar el duelo final entre el protagonísta, y el replicante Roy Batty.. Este último, pronuncia uno de los monólogos más inolvidables de la historia del cine.
Una vez, John Ford dijo tras rodar una toma, sorprendido, "¿quién diablos ha hecho eso?". Y es que la verdadera mágia del cine, conciste en que hay películas, planos, imágenes, que tomán "vida propia", y alcanzan una magnitud y trascendencia mucho mayor, de lo que su creador planificó en un principio.
Benjamín Martín Romero
El trasfondo de este film, con aspecto de videojuego, se puede abordar
desde varios puntos de vista. Quizás, el más evidente, y de plena
actualidad veinte años después, es el de la manipulación genética y sus
consecuencias. El filme parece apuntar como principal problema derivado
de estas actuaciones, la utilización, en este caso como esclavos, de los
productos (¿de los seres?) obtenidos.
Inmediatamente, se puede extrapolar la situación de los “replicantes” a
la mantenida a lo largo de historia de la humanidad con respecto a las
diferencias entre razas, etnias, clases sociales, sexos, etc. Con lo que
la profecía de futuro, se convierte en reflexión del pasado.
Una última interpretación, dentro de la complejidad que Scott busca en
su puesta en escena (magnífico expresionismo puesto al día), es la
excesiva y gratuita mistificación de sus insinuaciones finales: la
muerte del padre a manos del hijo, el sacrificio de éste con la mano
traspasada por un clavo, la redención del humano por parte del que va a
morir, en un acto de amor universal, y que representa un nuevo concepto
de la vida. Y sobretodo la aparición, como en un irrisorio acto de magia
de chistera, de una paloma en la mano del sacrificado “replicante”, que
acaba alzando el vuelo al cielo. Todo estos “símbolos” dejan un regusto
religioso, que resulta excesivamente pretencioso y fuera de lugar.
El final, totalmente existencialista, nos recuerda que, antes o después,
la muerte, tanto de humanos como de sus réplicas, pondrá las cosas en su
sitio,…en la nada. Por lo tanto solo merece la pena vivir lo que existe,
el presente…, la vida.
Ángel Lapresta
Desde que el libro "¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?" fuese publicado en 1968 fueron muchos los intentos de llevarla al cine, empezando por el director Martin Scorsese el primer interesado en plasmar la novela de Dick en imágenes y después Robert Mulligan pasando por actores de la talla de Robert Mitchum que para el guionista Hampton Fancher era el actor ideal según el para encarnar a Rick Deckard tras verlo como Philip Marlowe en "Adiós, muñeca" (1975) y Dustin Hoffman que rechazó el papel por su desacuerdo con ciertos elementos del guión, sería finalmente Harrinson Ford el elegido y que posteriormente tras el estreno del film el propio Ford renegaría de este título como uno de sus trabajos favoritos, debido a las muchas discrepancias que tuvo con el director y el infernal y polémico que fué el rodaje en si y al que estaba sometido a díario durante su producción.
Es díficil imaginar a un personaje como la replicante Rachel si lo hubiese interpretado la actriz Victoria Principal tal como así lo sugirió en su momento el propio Dick, de hecho para el propio autor, ella era la actriz perfecta para el papel que acabo siendo interpretada por la polémica e irregular Sean Young consiguiendo con ello uno de sus mejores trabajos en esta película dentro de su errática carrera artística.
Hablar del universo de Blade Runner es describir de un mundo sórdido, deshumanizado, oscuro, de un inmenso barroquismo y decadente en un sin fin de presentes elementos lumínicos publicitarios y visuales con los cuales Scott adorna el film, en un claro homenaje a los clásicos del cine negro de las décadas de los 40 y 50 e influencias inspiratorias en base a otras obras cinematográficas como "Cuidadano Kane" (1940) y "Metropolis" (1926) donde la oscuridad, las luces de neón y la incesante lluvia son los verdaderos protagonistas del mundo urbano y bajos fondos del cual forma parte, muchos de sus numerosos habitantes de otras razas, países y culturas aglomedadas dentro de una inmensa urbe de enormes y oscuros edificios en una superpoblada y contaminada Los Angeles del año 2019.
Un film que personalmente y siendo mi versión favorita de todas las que se han hecho, la del final feliz con la voz en off de su protagonista como el narrador de la historía que nos esta contando a lo largo de su metraje, me llego hasta lo más profundo de mi ser hasta el punto de sentirme tan atraido y fascinado, por su innovador modo de hacer un cine que apenas se había mostrado hasta entonces de una manera tan profunda y realista a la vez y que personalmente pienso que incluso puede ser factible y suceder dentro de las siguientes décadas gracias a los diseños del ilustrador Syd Mead y a los como siempre excepcionales efectos especiales fotográficos del gran especialista en el campo Douglas Trumbull, la acertada fotografía de Jordan Cronenweth para recrear el ambiente Film-Noir urbano y decadente de la futura Los Angeles y los decorados de Linda De Scenna, Leslie Mc Carthy-Frankenheimer, Thomas L. Roysden y Peg Cummings. Rostov
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