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La realización de Potter, sin estridencias innecesarias, mantiene un tono muy adecuado y los diálogos de Norman Panama y Melvin Frank, repletos de frescura e ingenio, resultan muy divertidos. Por su parte, típico de este fenomenal período de la comedia americana, es de agradecer la constante aparición de un gran número de personajes secundarios con frases y tipologías muy jugosas.
El publicista Jim Blandings (Cary Grant) vive con su esposa Muriel (Myrna Loy) y sus dos hijas (Connie Marshall y Sharyn Moffett) en un pequeño apartamento de la gran urbe de Nueva York. Ante los problemas derivados de la escasez de espacio, los Blandings deciden invertir sus ahorros en la adquisición de una vivienda, ubicada en un apartado lugar del estado de Connecticut.
La película está contada en flashback por el simpático personaje encarnado con brillantez por Melvyn Douglas, quien inicia el film con una hilarante descripción de la Gran Manzana con la voz en off y las imágenes discordantes con lo narrado. Posteriormente y tras una progresión muy entretenida, esta pequeña delicia culminará con el mismísimo Cary Grant invitándonos a visitar su dulce hogar, que hemos visto construir a base de slapstick y lances cómicos muy acertados. Cary está leyendo el libro en el cual se basa esta película, "Mr. Blandings builds his dream house", obra de Eric Hodgins .
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