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Una película realmente antológica que parte de un argumento sencillo sublimado por la impecable y empática narración de Chabrol, unas impresionantes actuaciones y un método de acercamiento a un tema (el de la psicopatía), por lo general plagado de gran cantidad de hemoglobina y bobos personajes, verdaderamente admirable.
Al igual que su maestro Alfred Hitchcock, Claude Chabrol evita el fácil recurso del "whodunit" (estilo "Tesis"), es decir, una película que presenta un crimen y diferentes sospechosos y que plantea, al igual que las novelas de Agata Christie, un juego (en la mayoría de las ocasiones aburrido y pueril) con el espectador para que éste vaya ejerciendo su capacidad policial intentando descubrir al asesino. Eso no interesa a Hitchcock ni a su alumno.
Chabrol persigue una descripción analítica de la psicología del criminal (conocemos ya desde el esclarecedor título hasta la presentación primera del personaje quién es el autor de los venideros crímenes), lo importante aquí es el retrato de su comportamiento, su forma de pensar, sus circunstancias pasadas, el contexto en que se mueve, sus relaciones más íntimas...
La forma de narrar este cuento rural por parte de Chabrol es asombrosa; ejerce siempre un predominio de la imagen sobre la palabrería (no existen diálogos vanos, no ha lugar a frases intrascendentes, su texto es conciso, directo, todo tiene que conducir al progreso de la trama y a la interactuación emocional con el público). |  |
Es curioso comprobar cómo Chabrol con algunos planos a mediana distancia nos hace partícipes de la estancia en el pueblo. A veces parece que estemos contemplando la acción sentados enfrente de la misma desde un banco de una plaza, en otros momentos simulamos unos vecinos que divisamos los andares de la pareja desde la acera de enfrente... Un guión absorbente sin recovecos pero de enorme intensidad y una realización inmejorable confirman a esta película como una rotunda e ineludible obra maestra.
© Aloha Criticón. Todos los derechos reservados.
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