Tercer y último encuentro entre la estrella Paul Newman y el director George Roy Hill, tras "Dos hombres y un destino" y "El golpe". El interesante Hill despliega aquí una sarcástica comedia deportiva con derivaciones dramáticas centradas en las peripecias de un equipo de hockey sobre hielo de segunda fila. Este asunto le sirve a su director y a la guionista Nancy Dowd para elaborar un divertido y vivaz título que caricaturiza el consumismo de la masa (el opio moderno del pueblo) y las características necesarias de los objetos de ese consumo, la violencia, la sangre, el sexo o la televisión. No es fútil en la primera mitad de la película la existencia de variadas escenas iniciadas con los personajes contemplando la pequeña pantalla. El circo romano se ha transportado a las pistas de hielo y los nuevos héroes son los gladiadores armados con sus sticks.
El film mantiene un agradecido ritmo y un curioso tono entre melancólico y descerebrado que favorece la acción, pero al final, las distintas bifurcaciones sentimentales y profesionales se ven difuminadas en la propia turbulencia de la materia esencial del título. Paul Newman está magnífico en su papel de combativo, veterano pero inmaduro responsable del grupo y ver a los tres "hermanos" haciendo de las suyas es todo un espectáculo ( a pesar de su cínica y brutal virulencia).
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