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Años 50, poco después de la 2ª Guerra Mundial. En una granja avícola bien acorazada por alambradas y peligrosos perros regentada por el chambón señor Tweedy y la malévola señora Tweedy se encuentran encerradas una gran cantidad de gallináceas con la misión ineludible de abastecer a los cónyuges del producto básico de su negocio, los huevos. La gallina que no ponga tan siquiera uno pasará a ocupar un puesto de privilegio en el caliente horno del hogar Tweedy tras pasar por el degollamiento pertinente. Una de las plumíferas de nombre Ginger rebelará a sus compañeras contra la situación y decidirá poner en funcionamiento diferentes planes de fuga. Al fracasar todos sólo les queda una última esperanza, el pelirrojo pollo Rocky, un gallo capaz de ir contra natura y conseguir volar. Él les intentará enseñar el arte del vuelo para alcanzar la preciada salvación, pero....
Mediante la paciente y ardua técnica de animación fotograma a fotograma llamada stop motion, Park y Lord, miembros de la empresa Aardman facturan un film practicamente intachable, soberbiamente detallado y estructurado, logrando su elaboración en algunos momentos la perfección artística absoluta. Con un sólido guión y un elevado ritmo, la historia (a la que tal vez le falta algo -aunque las risas no escasean- de fuerza cómica y embalaje satírico como en previas obras de la pareja británica) rememora títulos famosos de campos de prisioneros como "La gran evasión" o "Stalag 17" además de hacer guiños a otros más contemporáneos. Por otra parte, sus personajes están muy bien modelados y modulados, dotados de gran carga psicológica (a diferencia de los reales de muchas otras películas) que permiten no sólo al niño, sino también al adulto interesarse sumamente por sus avatares de "encarcelamiento".
Humor, aventura, intriga, drama y hasta romanticismo se unen en "Chicken run", un film obligatorio para todos los aficionados a la espléndida animación de plastilina carente de los ahora tan manidos y muchas veces inocuos efectos digitales.
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Mel Gibson
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