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Comedia romántica que adapta la popular novela de Truman Capote "Breakfast in Tiffany's", la cual pivota sobre dos personajes inadptados y atrapados por el artificioso bullicio de la Gran Manzana, representado con tacto sofisticado, elegante y reflexivo por Blake Edwards en una de sus películas más memorables, especialmente en sus trazos más sentimentales, acrecentados por la excelente partitura de Henry Mancini y la canción "Moon River", co-escrita por Mancini y Johnny Mercer.
Lo más importante de este título, además de su acerva mirada a la alta sociedad neoyorquina, es la configuración del personaje de la festiva Holly, superficial en su existencia frívola y amarga en su insistente búsqueda de la felicidad, ejemplarmente encarnada por Audrey Hepburn, quien fue vestida con distinción por Givenchy.
Repetitiva colaboración cómica de Mickey Rooney como irascible vecino japonés y breve participación del aristócrata español José Luis de Villalonga como potentado brasileño.
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Blake Edwards
Audrey Hepburn
Patricia Neal
Mickey Rooney

En “Desayuno con diamantes”, se dan todos los condicionantes para que la
industria de Hollywood la aceptara como una divertida comedia de amor,
con sustanciosas perspectivas económicas, y en la que se lucía
espléndidamente una de sus estrellas más encantadoras: Audrey Hepburn.
Pero, simplemente repasando el argumento del film, pronto apreciaremos
la acidez que se oculta bajo tanta simpatía. En pocas palabras, podemos
describir el guión como la historia de una atractiva joven, venida del
mundo rural al centro de la felicidad virtual: Nueva York. Para
subsistir, se aprovecha de sus encantos para obtener pequeñas cantidades
de dinero de sus ocasionales pretendiente nocturnos. Esta prostitución a
pequeña escala, como toda empresa que se precie, encierra objetivos más
ambiciosos; simbolizados en los ostentosos escaparates de Tiffany’s, y
concretados en un conveniente matrimonio, con no importa que señor, pero
con la única condición de poseer una acaudalada cuenta bancaria
(prostitución legalizada).
La casualidad, hace coincidir a la encantadora meretriz, con un
escritor, al que su escaso éxito literario le obliga a ganarse la vida
como gígolo, complaciendo, esta vez, a las señoras de los señores de las
acaudaladas cuentas.
Naturalmente, la coincidencia entre los “compañeros de profesión”,
desencadenará entre ambos un entendimiento a nivel sentimental
(desaparecen súbitamente las aspiraciones económicas), que nos conducirá
a un reconfortante y húmedo final feliz, muy lejos del lujoso Tiffany’s.
Angel Lapresta
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