|
El italiano Michelangelo Antonioni prosiguiendo con sus penetraciones psicologicas en el alma de los personajes desplazados y aislados. Su mirada es pausada, y en ella es mucho más importante la descripción del estado de ánimo de sus caracteres que el desarrollo de una trama coherente y el retrato de esos caracteres y sus relaciones al margen de ese estado, el cual marca el sentir vital de la persona.
Esa animosidad se encuentra expuesta principalmente en la plasmación visual de su entorno, un brumoso, frío, desolado y apagado escenario industrial, que contrasta con la luminosidad natural de la irrealidad mágica y refulgente del cuento relatado.
Es muy importante en Antonioni, a partir de esta película (su primer título rodado en color, fotografiado por Carlo Di Palma), el tratamiento plástico en armonía con el interior del personaje central y la capacidad de sus actores para extraer las emociones buscadas, consiguiendo Monica Vitti, compañera sentimental del autor, una excelente interpretación.
Sin embargo, las loables constantes de su autor en esa búsqueda de alienación personal y deshumanización general, percibida en las imágenes del film, quedan bastante mermadas debido la posibilidad de la desconexión del espectador con el proceso del personaje definido, la ausencia de la trama y el esquematismo en el contacto entre personajes provocará una sensación plúmbea, ante la carecencia de una intensidad en la historia que enfatize el basamento esencial del título, como es la representación psicológica de ese desplazamiento existencial.
© Aloha Criticón. Todos los derechos reservados.
|